lunes, 23 de agosto de 2010

Entre el Sur y el Norte

Hace unas semanas me fui de vacaciones para visitar a Mauricio, un amigo que vive en Saint Julien, una ciudad fronteriza entre Francia y Suiza; antes de llegar a este lugar me preguntaba qué iba a descubrir allí? La respuesta que recibí a lo largo de la semana, y que les comparto hoy, ya sabía que existía pero “lo había olvidado”...

Doña Lucía, una mujer de unos 63 años, llegó a esta ciudad con una visa francesa hace algunos meses, la visa no le permite entrar en ningún otro país. Cada día, esta mujer, en contra de todas las leyes migratorias, cruza la frontera para llegar hasta el hospital donde su hija se recupera lentamente de un estado de coma. Para evitar que la policía la baje del bus, que usa como transporte, ha decidido caminar a pie y como ella misma dice “cruza la frontera por su lado”, después toma otro bus y así de regreso y así cada día...

Alrededor de ella y gracias a Mauricio, descubrí la vida de otros como doña Lucía, descubrí las historias de quienes, pensando en un mejor futuro, soñando con mejores condiciones, decidieron correr el riego de viajar hacia el norte. Sin embargo, el norte les ha recibido, a unos más y a otros menos, con brazos discriminatorios, palabras hirientes; les ha negado el trabajo que esperaban encontrar, les persigue constantemente con la policía y les ha condenado a condiciones que casi todos conocen pero que casi todos ocultan.

Pude recordar también a la gente que conocí en Guatemala, de cuando me hablaban de su mamá, su hermano, su papá, sus hijos. “Se fue para los Estados” me decían. El sur se había quedado con niños, padres, hermanos esperando el regreso de sus familiares, algún día.

Con Mauricio nos preguntamos por qué los mismos migrantes no hablan de las pésimas condiciones que les espera a los recién llegados, a los que todavía no han tomado la decisión de viajar. Se habla de esto o no? Pensando en esta pregunta recordé a un primo que me habló de su experiencia en Argentina: “yo sé que vas a sentirte sola cuando te vayas a Francia, lo sé bien porque lo he vivido, allá yo no tenía con quién hablar, había otra gente trabajando pero no era lo mismo no era como la familia”

Me habló de la soledad cuando estás lejos de tu familia, nunca me habló de las pésimas condiciones en las que tantos bolivianos trabajan en Argentina, al contrario solo dijo “el trabajo es duro pero se puede ahorrar, si quieres después te quedas y si no regresas... pero ya tienes algo”

Es esto mismo que repiten los migrantes de hoy a los que tienen planeado emprender el viaje? Quiere decir que cada uno está dispuesto a soportar cualquier cosa con tal de “ahorrar un poco”? O quiere decir que, a pesar de todo, mantienen la esperanza de que a ellos sí les irá mejor? O los del Sur siguen esperando que sus familiares del norte los lleven con ellos, algún día?

Un artículo publicado por Bernardo Kliksberg en abril 2008, habla de las remesas que miles de inmigrantes producen: “Los inmigrantes latinoamericanos en Estados Unidos y Europa envían a sus familiares y seres cercanos ocho veces por año pequeños giros. Hacen una diferencia crucial para los pobres de América latina...[...] ¿Qué las moviliza? ¿Por qué sin haberse puesto nunca de acuerdo, los millones de inmigrantes latinoamericanos pobres, desde Nueva York a Madrid, producen el mismo comportamiento? ¿Por qué envían de modo sostenido un porcentaje superior al 10% de sus limitados ingresos a sus familias y allegados?

Según todo indica, priman factores que las ortodoxias económicas consideran irrelevantes en economía: los valores éticos, familiares y de solidaridad. Esos valores intangibles impulsan este ingreso masivo de fondos que se ha convertido en fuente de divisas fundamental para la región. Se equivoca fuerte el pensamiento económico convencional cuando no hace ningún lugar para la ética en la economía...”

En cambio yo no tengo respuestas, solo había “olvidado” que la migración junto con todas sus consecuencias, para unos y otros, está presente en nuestro cotidiano si decidimos que así sea. Cuando compartí esta experiencia con otro amigo, me respondió: “No me sorprende, pero me lleva a la reflexión lo que nos toca hacer y que sólo la vida en su lucha nos hace sensibles. De pronto tu estadía y la mía son especiales y privilegiadas, no como las de los migrantes, pero nos toca reflexionar nuestras tareas...”

Hay quienes ya iniciaron esta reflexión y cada día alguien más se une, se convierte en acción y entonces el norte muestra, todavía con miedo, sus brazos de acogida, de solidaridad, ofrece oportunidades, trabajos dignos, ganas de volver al sur sin nada que pese sobre sus espaldas.

Nos toca reflexionar nuestras tareas....Esta frase me da vueltas en la cabeza, me recuerda los motivos por los que me negaba a venir a Francia y que hoy se convierten en los motivos por los que me quedo unos meses más, para ser parte del norte que sí cree en una igualdad de condiciones, en una vida más humana.

Susana Huarachi Quispe
Méry sur Oise - Francia

jueves, 17 de junio de 2010

así te has muerto, Henri Bossan


Te has muerto como viviste, Henri,
esperando a que llegaran los que andan más despacio,
los de las piernas torcidas, (de tanto andar)
los de sin piernas, (de andar tan lejos)
los de sin nadie:
para todos llegar, decías, (hacías)
para todos el mundo,
para todos el derecho y la ley.

Te has muerto, Henri,
y nos has dejado sin justicia y sin ternura,
y haciendo memoria de tus tirachinas:

me voy a encontrarles hasta el final del mundo,
de día o de noche, me voy a encontrarles
y de su miseria hacemos batalla:
de su hogar sin casa,
de su familia sin niños,
de su manos sin trabajo.
Y me voy otra vez y mil veces,
y nunca me olvido,
veinte años más tarde, no me olvido,
y hacemos batalla.

Te has muerto, Henri,
y has dejado a los pobres sin justicia, (y a los ricos.)
Y a nosotros sin postales y sin muñequitos,
nos has dejado sin tus manos de no hay tener si no es juntos,
sin tu todo lo podemos,
juntos.
Y nunca hicimos aquella paella que nos prometimos.

Así te has muerto, Henri,
así, enfermo,
así, pero esperando a que llegaran los que andan más despacio,
así, pero luchando:
una tumba para todos,
que no se quede muerto sin tumba,
que me pongan a mí en la tumba de todos,
en la tumba común de los pobres del mundo,
que me pongan,
que se haga justicia.

Así, mi amigo,
amigo nuestro,
así de grande y de bueno.
así te has ido, Henri Bossan,
así te has ido.

Beatriz Monje Barón
Méry sur Oise, Francia

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Henri Bossan (1938-2010) era voluntario permanente del Movimiento Internacional ATD Cuarto Mundo, dedicando su vida a la lucha contra la miseria y la promoción de los Derechos Humanos.

jueves, 10 de junio de 2010

Ágatha: El turno de los olvidados


…cada cierto tiempo, los olvidados del país ocupan las primeras planas de los periódicos, por las razones equivocadas.




Esto sucede, generalmente, cuando hay epidemias, huracanes, hambruna, guerras o erupciones volcánicas. Entonces le toca el turno a los relegados de la historia, a los más vulnerables, a los sin tierra, a los insalubres, a los sin techo, a los analfabetos, a los pobres. Es en estas circunstancias que, finalmente, acceden a los 15 minutos de gloria que por derecho les corresponden.

La erupción del Volcán de Pacaya y el paso de la tormenta Ágatha por el territorio guatemalteco nos han retratado de cuerpo entero. Desnudos, aparecemos ante nosotros mismos y ante el mundo como un país que no cuida a los suyos y que históricamente ha sostenido la exclusión y marginalidad de muchos. Por supuesto, desde el síndrome de infantilidad que nos caracteriza, la primera reacción de muchos ha sido buscar culpables únicos a quienes satanizar por lo sucedido hoy, como si levantar a un país no fuera una tarea histórica común de largo aliento.

…El huracán Mitch, en 1998; la tormenta tropical Stan, en el 2005, y ahora Ágatha y el Pacaya. No tenemos memoria; nos topamos tres y cuatro veces con la misma piedra. Por otra parte, hay cosas importantes de resaltar desde el ojo de una ciudadana común: una respuesta más rápida y organizada de la Conred, un trabajo más eficiente de las cuadrillas de caminos en calles y carreteras, y la actitud solidaria y desinteresada de la población, que no tiene más que ofrecer que una mano amiga. Y más allá de todo, la esperanza sostenida de que, aunque la naturaleza haga lo suyo, la próxima vez nos encuentre mejor preparados y más humanos.

*Extractos del artículo "El turno de los olvidados" escrito por Carolina Escobar Sarti - Guatemala. Publicado en Prensalibre.com (03/06/10) Foto: publicado en www.latribuna.hn (01/06/2010)

lunes, 3 de mayo de 2010

¡Debemos crear puentes!


Debería haber un puente entre tú y yo,
entre tus ideales y mi realidad,
entre tus buenas intenciones y mis miserias.
Un puente en el que antes que nada haya una clara trasparente empatía
que genere cercanía y comunicación,
que una nuestra parte humana.

Porque sino ¿cómo tirar los muros que nos separan?
¿cómo poder comprendernos con esta distancia?

Quieres ayudarme... pero antes, ¿no tendrás que comprenderme?
Ve mas allá de lo que te dice mi imagen, apuesta por mí,
porque cuando yo llego a ti ni siquiera yo creo en mí mismo...
Ten paciencia, no selecciones, porque soy una vida…
tal vez llena de errores ... sí, pero con oportunidad de cambio.
Necesito una oportunidad al cambio... necesito esperanza.

Tú estás y te dedicas a esto porque crees en ello,
Dame pues de beber en lo que crees y yo también creeré...
Porque me lo ‘’ Trasmites ‘’, riégame y creceré contigo.

No te pido que te desgastes conmigo, sino que me orientes,
que me ayudes o me acompañes... ahora me siento solo...
dentro de un vacío inmenso, lleno de dolor y desesperanza,
por favor ...
no te olvides de eso,
no te dejes llevar por una fría rutina laboral,
dame calor humano y consuelo,
no me mires como un número o un expediente más
porque hayas tenido un día cansino de trabajo.

Yo tengo conmigo muchos días vacíos en tristeza y soledad.
Tengo un nombre como tú también lo tienes y una esperanza como tú también la tienes
Ayúdame a aprender a ayudarme, ayúdame a encontrate para aprender a encontrarme.

Para todos aquellos profesionales que realmente desean serlo:
Sólo transmitiendo amor se rompen las distancias.

Leo Sánchez
Madrid, España

martes, 16 de febrero de 2010

Los 4 elementos

Tierra, Agua, Fuego, Aire

«La naturaleza se ensaña con los más pobres...», con los excluidos, con aquellos que viven en las afueras de la cuidad, en las periferias, en las partes más profundas o en lo más alto de las laderas. «Terrenos más baratos» como siempre, ahí donde nadie que tenga un poco más de suerte quiere ir.
La tierra tiembla y son las casitas precarias las primeras en desplomarse, los ríos suben y son las casitas de las riveras las primeras en ser arrasadas. El viento sopla y son los techitos de calamina y de cartón los primeros en alzar vuelo. Una chispa avivada para dar un poco de calor o saciar el hambre, pierde control a causa de la precariedad. Los cuatro elementos contra los más desvalidos.
Pasado el dolor de la constatación, vuelve la razón y me doy cuenta de que no son los cuatro elementos que generan la vida en esta tierra, los que se arrebaten contra los más abatidos. Somos nosotros, la «Sociedad», que nacimos con el idea de organizar de mejor manera la vida de nuestras comunidades, que cegados por el placer de la propiedad y de la seguridad de nuestros bienes, comenzamos a negar la participación de aquellos que eran menos afortunados que nosotros.
Lo peor de todo es que somos y siempre fuimos conscientes de que una vida en pobreza es muy dura y desgraciada, y por temor de caer en ella, cada vez ensanchamos más el abismo de las diferencias.
Cuántas veces hemos sido testigos del desalojo de familias que vivían en terrenos un día baldíos, sin agua, sin electricidad, sin nada, solos con la suerte de poder vivir bajo un techitos en familia; «Pero, al mismo tiempo, terrenos con futuro...», con proyectos, hasta que el capital llegue. Pero hay gente que no tiene capital para invertir, solo un sueño, el que va amasado poco a poco, y que cuando ve una puerta que es posible, decide arriesgar su sueño.
Familias que lo dejan todo, crédulos de las promesas, cierran un capítulo de su historia, confiados de un mejor porvernir. El sueño de una propiedad les hace abandonarlo todo para ir a vivir en otro lugar donde la tierra ni si quiera es habitable, donde el desarrollo no es posible. Y después pasa lo que pasa, techitos que vuelan, casitas que se deslizan, el agua que lo lleva todo sin dejar rastro, el fuego que devora las pequeña cobachita. Pedazos de tierra, baratos, tan baratos, que un día desaparecen.
¿Cómo hacer?¿Qué hacer?, para que esos sueños no se instalen de manera y en lugares tan precarios. La naturaleza nos lo da todo, y nos corresponde protegerla y compartirla de mejor manera.

Charo Carrasco Cuba
París - Francia

2 de feb 2010: Numerosas familias pobres pierden sus viviendas a causa de lluvias en Cusco-Perú.
12 de ene 2010: Terremoto en Puerto Principe -Haiti deja miles de familias sin vivienda.
2009 - 10: Pobladores de Chaco - Argentina carecen de agua, sus ríos están contaminados por arsénico.
2009 - 10: Familias en Tahilandia que viven en casas flotantes, ya no enseñan a nadar a sus hijos, a causa de las aguas contaminadas.
13 Jun 2007: Incendios que se suceden anualmente en los barrios empobrecidos de las ciudades de Panama y Colón.
11 Nov 2007: París acelera expulsión de familias pobres que viven a las afueras de la ciudad.
26 Dic 2001: Incendio destruye 150 casas pobres en capital Mexicana


viernes, 12 de febrero de 2010

La humanidad más allá de los escombros

De pan y arena que no están muertos.
La tierra ha temblado y ha parecido un accidente inútil. Todo ha quedado hecho escombros. Y sobre los escombros, y por abajo, y a los lados, parecía todo muerto. Haití.
Las puertas de las panaderías son coladeros de gentes. Cada mañana y cada noche atraen al público hambriento. El pan, en Dakar, sigue siendo dominio del pueblo. A ambos lados se puede ver, tendido, arrugado, avergonzado y sin vida. Es lo que llaman aquí el pan muerto. Este pan revive en su función multiusos. Este pan más allá del tiempo tiene la propiedad de ser más barato que el pan normal. Así, cuando la vida se convierte en accidente, cuando para algunos el dinero no puede asegurar la comida diaria, este pan se convierte en sustento de pobres. Además, sirve para mezclarse con cartón y otros productos y servir de alimento a las cabras y a las ovejas domésticas. Algunos viejos, aldeanos en su mayoría, prefieren este pan muerto. Pan de sus experiencias y de sus infancias. Pan de la textura de siempre, el que llega después de días a los pueblos alejados. Este pan no está muerto.
Más allá de las puertas, la calle. Dakar es una isla, casi. Los barrios de la periferia y los barrios populares son una inmensa playa. Aquí la arena es el dominio del pueblo que camina cansado. Poco a poco la urbanización ha ido ganando espacio a la ciudad tradicional. Los coches y los autobuses se han hecho más necesarios que los pies y por todas partes han nacido calles y callejas que permiten al transporte motorizado ganar la ciudad. Este progreso aún no ha llegado completamente a los barrios de la periferia, a Pikine. Y en estos barrios pocas son las calles asfaltadas.
Frente a la panadería de mi barrio la calle está asfaltada. Una excepción rodeada de callejuelas de arena. Así, frente a sus puertas, a orillas del asfalto, poco a poco la arena va arañando espacio. Hombres y mujeres inundan las calles reservadas a los vehículos, descansan su caminar pausado. Esta es la arena muerta. Se dice muerta porque ha perdido sus propiedades. Acostumbrada a vivir cerca de la polución y de los humos y aceites no sirve para absorber el agua, es impermeable.
Cerca de medio millón de personas vive con una parte de su casa inundada desde hace seis meses. Intermitentemente, desde hace veinte años. Accidente de la naturaleza, las lluvias. Los pobres recogen la arena muerta, semigratis, y rellenan los patios de sus casas, sus cuartos. Al realzar sus casas el agua busca lugares más bajos, la calle, la casa del vecino. Una parte de la vida renace, más tranquila.
El pan, la arena y los escombros son cosas. La gente hace vivir las cosas, las comparte, las vende, las usa, las revive. La gente vive con las cosas. Confundir la muerte de las cosas con la muerte de las gentes es vivir poseído por la acumulación. Los pobres saben de esto porque viven a pesar de la precariedad de las cosas. Tirar el pan o no sanear la arena de tu patio es una falta grave en Dakar, un pecado. El pan y la arena son sagrados en Senegal porque sirven a la vida.
Ni en Haití ni en tantos otros lugares la humanidad ha muerto bajo los escombros. Porque la voluntad de vida pervive en hombres, mujeres y niños. Ojos brillantes, piel tersa. A la luz de sus sufrimientos y esperanzas, bajo las estrellas, piensan una humanidad nueva más allá de la escasez de las cosas.
Dakar, febrero 2009
Jaime Solo

jueves, 4 de febrero de 2010

¿QUE PODEMOS HACER POR HAITI ?

Creo que en primer lugar necesitamos ponernos frente a la realidad actual que vive el país y hacer eco de las necesidades más urgentes, después de todo la web es un buen medio de difusión de información. Aunque esto lo podemos hacer de manera relativa ya que estamos alimentados por información no siempre tan precisa.

Entonces, segun lo leído personalmente:
Médicos sin fronteras señala que faltan carpas y médicos para la atención postoperatoria, asi como asistentes para desplazarse al interior del pais. http://www.msf.es/noticias/emergencias/haitterremoto13.asp

La MINUSTAH señala que hacen falta 200, 000 tiendas de campaña para alojar a dos millones de personas y protejerlas de robos y violaciones; luego es necesario construir casas mas sólidas para todos ellos antes  de junio (temporada de huracanes en el Atlántico Norte).  http://www.minustah.org/

Estos son algunos de los pedidos inmediatos, seguro que posteriormente se tendrá que imaginar todo el proceso de reconstrucción, proceso mas largo pero por tanto no menos importante. Para esta etapa seguro que es necesaria la participación activa de todos, incluidos los más pobres.

Por otro lado, leyendo en la web sobre lo que sucede ahora en Haití, la acción de los paises cooperantes y sobre los comentarios de ciudadanos del mundo. Me permito hacer algunas reflexiones, respetando las otras vertidas en este y otros blogs que escriben sobre el tema.

Considero que, frente a las maneras cómo los paises asisten a Haití (envío de tropas armadas, descarga de alimentos en paracaídas, aceleración de adopciones, etc.) es necesario analizar y situar en contexto nuestras apreciaciones para no desvirtuar las acciones llevadas a cabo por los estados cooperantes.

Considero también que se han cometido excesos y aberraciones por parte de instituciones y particulares durante el proceso de asistencia a Haití (Secuestro de niños haitianos huérfanos y no hueéfanos, fotografías de  médicos sonriendo a lado de cadaveres y heridos,  soldados agrediendo a personas que esperan la distribución de alimentos, etc.). Estas situaciones deben de ser denunciadas, sin embargo no debieran emitirse ni generalizar juicios sobre las nacionalidades de las personas que cometen estos delitos.

Considero además que todos, organismos, asociaciones y particulares, tenemos límites en lo que podemos hacer por Haiti. Y reconocer que tenemos diferentes tiempos en los que podemos apoyar a esta población. Esto es un aspecto, creo yo, que no es muy valorizado en la actualidad, ya que el ritmo mediático con el que son tratados los desastres y  la ayuda a las poblaciones concernidas no nos permiten ver las maneras en el que podemos participar hoy y también mañana.
Como algo anecdótico puedo decir que en mi trabajo de encuestador  de una consultora que hace estudios económicos y sociales en el Perú, pude apreciar que luego de la catástrofe que sufrió Pisco (al sur de la capital Lima), las necesidades de la población se volvieron diversas a medida que pasaron los días, meses y años, mientras que la ayuda se redujo del plano internacional al local hasta desaparecer completamente. Yo participé en las encuestas después de dos años de ocurrido el incidente y lo que dicen las personas que viven alejadas del centro de la ciudad es que, al principio diferentes instituciones venían a ayudarles pero que ahora se han olvidado de ellos. Sus casas no fueron reconstruidas, siguen recibiendo alimentos de un programa de asistencia estatal y la escuela a la que van sus hijos todavía funciona en carpas.

Mantener viva y a largo plazo la preocupación y voluntad de ayuda hacia Haití y lo que podremos hacer por ellos y por nosotros mismos es en lo que podría concluir esta pequeña reflexión.

Humberto Lovaton
Lima - Perú