domingo, 15 de mayo de 2011
15 de Mayo, Día Internacional de la familia
Les compartimos el mensaje de Eugen Brand, Delegado General del Movimiento ATD Cuarto Mundo, con ocasión de este día:
jueves, 5 de mayo de 2011
Hipotecas "basura"
Nuevamente desde Madrid, Luciano Olazabal nos presenta, a través de su dibujo, una situación de la que seguramente muchos han oído hablar: "Las hipotecas basura". Para muchos españoles y sobre todo para inmigrantes ha significado la pérdida de sus casas, de sus sueños... Aquí una pista para seguir informándonos.
Hasta la próxima.
Información sobre las hipotecas en España.
lunes, 25 de abril de 2011
El acceso a la educación no es un derecho, es un sueño.
A principios del mes de marzo muchos padres de familia en el Cusco estaban desesperados al no saber dónde podrían estudiar sus hijos.
En los lugares donde ATD Cuarto Mundo está presente, varias familias muy pobres viven esta misma preocupación pero durante todo el año. Para ellos, la escuela es algo que ayuda a sus hijos a ser mejores en el futuro; los padres siempre nos dicen, “yo no quiero que mi hijo sufra lo que yo he sufrido”, “yo quiero que mi hijo sea mejor que yo” “mi hijo es el futuro para mi familia”. Hoy la realidad para esta gente es que el acceso a la educación no es un derecho, es un sueño.
La experiencia compartida en estos lugares nos permite afirmar que la esperanza de hacer realidad este sueño va perdiéndose de a poco cuando los padres se ven enfrentados a duros obstáculos como el costo de inscripciones y enormes listas de útiles escolares durante todo el año.
No sólo eso, la frustración de no acceder a la escuela se convierte a la vez en miedo y en vergüenza. Y es aquí donde comienza la incomprensión de la sociedad hacia estas familias porque no logran entender lo que sucede.
Desconociendo todas las dificultades a las que se enfrentan, la sociedad termina tildándoles de “padres irresponsables que no hacen nada para que sus hijos asistan a la escuela”
Esta incomprensión recae muchas veces en actitudes sin sentido que en vez de ayudar a los niños destruye: Como si fuera ayer, recuerdo que en el año 2000, en Guatemala, una niña fue echada de la escuela porque le faltaba un botón en su camisa. ¿Es admisible que la falta de un botón en la camisa sea un motivo para echar de la escuela a una niña?
Cuando seamos capaces de ir más allá de “la falta de un botón”, podremos ser capaces de entender los esfuerzos que hacen muchos padres para que sus hijos asistan a la escuela. Estoy seguro que a esta niña la echaron por venir de un Asentamiento, cuya población es muy pobre, y que el botón fue simplemente una excusa.
Para mí la EDUCACIÓN es una de las llaves que hará que un día podamos erradicar la pobreza y la miseria. Pero cada año todavía hay niños que no pueden terminar la escuela. ¿Hasta cuándo?
Un aspecto muy importante dentro del acceso a la educación es la comunicación entre maestros y padres de familia. Siempre tengo presente las palabras de una mujer: “nosotros no nos atrevemos a hablar (reclamar) en la escuela porque si hablamos los profesores toman represalias contra nuestros hijos”.
Cada vez la comunicación entre maestros y padres de familia es complicada. En lugar de hacer un trabajo conjunto, cada grupo (maestros y padres de familia) va por su propio camino y eso dificulta mucho más la permanencia de los niños en la escuela. Hasta que no decidamos trabajar juntos, seguirán habiendo niños que no terminan el año escolar.
Hagamos que el acceso al derecho a la educación sea una realidad, no un sueño.
Guillermo Díaz Linares
Cusco-Perú.
En los lugares donde ATD Cuarto Mundo está presente, varias familias muy pobres viven esta misma preocupación pero durante todo el año. Para ellos, la escuela es algo que ayuda a sus hijos a ser mejores en el futuro; los padres siempre nos dicen, “yo no quiero que mi hijo sufra lo que yo he sufrido”, “yo quiero que mi hijo sea mejor que yo” “mi hijo es el futuro para mi familia”. Hoy la realidad para esta gente es que el acceso a la educación no es un derecho, es un sueño.
La experiencia compartida en estos lugares nos permite afirmar que la esperanza de hacer realidad este sueño va perdiéndose de a poco cuando los padres se ven enfrentados a duros obstáculos como el costo de inscripciones y enormes listas de útiles escolares durante todo el año.
No sólo eso, la frustración de no acceder a la escuela se convierte a la vez en miedo y en vergüenza. Y es aquí donde comienza la incomprensión de la sociedad hacia estas familias porque no logran entender lo que sucede.
Desconociendo todas las dificultades a las que se enfrentan, la sociedad termina tildándoles de “padres irresponsables que no hacen nada para que sus hijos asistan a la escuela”
Esta incomprensión recae muchas veces en actitudes sin sentido que en vez de ayudar a los niños destruye: Como si fuera ayer, recuerdo que en el año 2000, en Guatemala, una niña fue echada de la escuela porque le faltaba un botón en su camisa. ¿Es admisible que la falta de un botón en la camisa sea un motivo para echar de la escuela a una niña?
Cuando seamos capaces de ir más allá de “la falta de un botón”, podremos ser capaces de entender los esfuerzos que hacen muchos padres para que sus hijos asistan a la escuela. Estoy seguro que a esta niña la echaron por venir de un Asentamiento, cuya población es muy pobre, y que el botón fue simplemente una excusa.
Para mí la EDUCACIÓN es una de las llaves que hará que un día podamos erradicar la pobreza y la miseria. Pero cada año todavía hay niños que no pueden terminar la escuela. ¿Hasta cuándo?
Un aspecto muy importante dentro del acceso a la educación es la comunicación entre maestros y padres de familia. Siempre tengo presente las palabras de una mujer: “nosotros no nos atrevemos a hablar (reclamar) en la escuela porque si hablamos los profesores toman represalias contra nuestros hijos”.
Cada vez la comunicación entre maestros y padres de familia es complicada. En lugar de hacer un trabajo conjunto, cada grupo (maestros y padres de familia) va por su propio camino y eso dificulta mucho más la permanencia de los niños en la escuela. Hasta que no decidamos trabajar juntos, seguirán habiendo niños que no terminan el año escolar.
Hagamos que el acceso al derecho a la educación sea una realidad, no un sueño.
Guillermo Díaz Linares
Cusco-Perú.
lunes, 18 de abril de 2011
Sin lugar para vivir en tu propia tierra
No sé si más que otros pueblos en el mundo, llevamos sobre las espaldas más de 500 años viviendo el despojo de la tierra. Muchos dicen que nos cuesta mucho superar nuestra cruenta historia, que deberíamos ir hacia adelante. De pronto llega una noticia, no por los grandes noticieros en la televisión, no por las importantes cadenas de radio, llega la noticia por medios alternativos (medios de poco alcance): “Cientos de familias ubicadas en el Valle del Polochic, Alta Verapaz, fueron desalojadas de forma violenta por fuerzas de seguridad pública y grupos paramilitares. Personas particulares armadas con machetes y armas de fuego están atacando a familias campesinas, disparándoles, quemando casas y cosechas. Acaban de informarnos del lamentable fallecimiento de dos campesinos en el área.” ¿Cómo superar algo que todavía vivimos? En pleno siglo XXI familias siguen buscando recuperar sus tierras, tener un hogar, tener donde cosechar, tener donde vivir. La historia parece ensañada con estas comunidades indígenas, que recién salen de masacres en el Conflicto Armado, para pasar a esto (a veces me pregunto si el conflicto realmente terminó o continúa y aquello de los Acuerdos de Paz fue un espejismo).
Protección a la propiedad privada, pero no a la familia, los derechos humanos bajo la lupa
Los campesinos que ocuparon los terrenos en el Valle del Polochic junto con organizaciones de izquierda se levantaron y manifestaron frente a varias instancias de gobierno. Sin embargo, parece ser, que la vida de estas familias campesinas, no es lo más importante para el Estado, lo más importante son los intereses privados de los supuestos “dueños de la tierra” y hoy por hoy muchos se preguntan, especialmente estas familias, quién está junto a ellas para defender sus derechos, ¿en dónde está el Estado que se organiza y vela por el bien común? ¿De lado de quién están las instituciones estatales que velan por los Derechos Humanos en Guatemala? Para obtener más información pueden visitar:
http://www.mayaconic.org/
http://tuvozescomunicacion.blogspot.com/
Desde Guatemala,
Linda García
Protección a la propiedad privada, pero no a la familia, los derechos humanos bajo la lupa
Los campesinos que ocuparon los terrenos en el Valle del Polochic junto con organizaciones de izquierda se levantaron y manifestaron frente a varias instancias de gobierno. Sin embargo, parece ser, que la vida de estas familias campesinas, no es lo más importante para el Estado, lo más importante son los intereses privados de los supuestos “dueños de la tierra” y hoy por hoy muchos se preguntan, especialmente estas familias, quién está junto a ellas para defender sus derechos, ¿en dónde está el Estado que se organiza y vela por el bien común? ¿De lado de quién están las instituciones estatales que velan por los Derechos Humanos en Guatemala? Para obtener más información pueden visitar:
http://www.mayaconic.org/
http://tuvozescomunicacion.blogspot.com/
Desde Guatemala,
Linda García
martes, 29 de marzo de 2011
Torrenciales lluvias e inundaciones en Bolivia
El pasado 26 de febrero se produjo un mega-deslizamiento de tierra en la ciudad de La Paz, este deslizamiento afectó a 148 hectáreas, teniéndose un total de 14 zonas afectadas de las cuales cuatro fueron totalmente destruidas y las 10 restantes presentan daños considerables que las hacen inhabitables.
Estos barrios son denominados “laderas” o “barrios periféricos”. La mayoría de personas que viven en estas zonas son de escasos recursos, muchas familias se vieron afectadas y tuvieron que dejar sus viviendas. Hasta el momento 1.353 familias fueron desplazadas perdiendo el fruto de toda una vida de trabajo.
Actualmente estas familias se encuentran albergadas en campamentos donde se habilitaron carpas, ahí soportan el hacinamiento y se enfrentan al frío de la noche. Cuando llueve el agua ingresa a sus carpas y los niños, adultos y ancianos se exponen a afecciones respiratorias y una serie de enfermedades. En algunos albergues la gente se ve obligada a convivir con sus animales, que lograron rescatar. El Ministerio de Salud reporta 128 perros y 75 gatos, por ejemplo.
Las principales causas de este mega-deslizamiento fueron las intensas lluvias que cayeron en estos últimos meses, la construcción de viviendas clandestinas y la sobrepoblación en barrios marginales.
¿Quiénes construyeron las viviendas clandestinas? Si bien es cierto que existe un número considerable de viviendas que fueron construidas de forma clandestina, es bueno comprender que la mayoría de la gente que construyó son inmigrantes pobres que vinieron del campo a la ciudad. Gente que no encontró otras opciones y no les quedó más que asentarse y construir sus viviendas en zonas de alto riesgo.
Pero las intensas lluvias e inundaciones afectaron a todo el país, la confederación de pueblos indígenas tiene el registro de 240 comunidades afectadas, estaríamos hablando de 27.000 personas aproximadamente. Defensa Civil hasta la fecha tiene registradas 15.335 familias afectadas por el fenómeno “la niña”.
Muchas comunidades en el campo desaparecieron completamente, miles de campesinos perdieron sus cultivos, cosechas y su ganado. Ellos perdieron el fruto de meses o años de trabajo (en el caso del ganado). Ahora no tienen medios de producción.
Quizá cientos de estos campesinos se verán obligados a dejar el campo. Tal vez buscarán la oportunidad de subsistir en la ciudad. Tal vez, al no encontrar dónde vivir, construirán sus viviendas en zonas de alto riesgo y seguramente nadie dirá nada hasta que esta historia se repita de nuevo.
Marcelo Vargas Valencia
La Paz - Bolivia
Estos barrios son denominados “laderas” o “barrios periféricos”. La mayoría de personas que viven en estas zonas son de escasos recursos, muchas familias se vieron afectadas y tuvieron que dejar sus viviendas. Hasta el momento 1.353 familias fueron desplazadas perdiendo el fruto de toda una vida de trabajo.
Actualmente estas familias se encuentran albergadas en campamentos donde se habilitaron carpas, ahí soportan el hacinamiento y se enfrentan al frío de la noche. Cuando llueve el agua ingresa a sus carpas y los niños, adultos y ancianos se exponen a afecciones respiratorias y una serie de enfermedades. En algunos albergues la gente se ve obligada a convivir con sus animales, que lograron rescatar. El Ministerio de Salud reporta 128 perros y 75 gatos, por ejemplo.
Las principales causas de este mega-deslizamiento fueron las intensas lluvias que cayeron en estos últimos meses, la construcción de viviendas clandestinas y la sobrepoblación en barrios marginales.
¿Quiénes construyeron las viviendas clandestinas? Si bien es cierto que existe un número considerable de viviendas que fueron construidas de forma clandestina, es bueno comprender que la mayoría de la gente que construyó son inmigrantes pobres que vinieron del campo a la ciudad. Gente que no encontró otras opciones y no les quedó más que asentarse y construir sus viviendas en zonas de alto riesgo.
Pero las intensas lluvias e inundaciones afectaron a todo el país, la confederación de pueblos indígenas tiene el registro de 240 comunidades afectadas, estaríamos hablando de 27.000 personas aproximadamente. Defensa Civil hasta la fecha tiene registradas 15.335 familias afectadas por el fenómeno “la niña”.
Muchas comunidades en el campo desaparecieron completamente, miles de campesinos perdieron sus cultivos, cosechas y su ganado. Ellos perdieron el fruto de meses o años de trabajo (en el caso del ganado). Ahora no tienen medios de producción.
Quizá cientos de estos campesinos se verán obligados a dejar el campo. Tal vez buscarán la oportunidad de subsistir en la ciudad. Tal vez, al no encontrar dónde vivir, construirán sus viviendas en zonas de alto riesgo y seguramente nadie dirá nada hasta que esta historia se repita de nuevo.
Marcelo Vargas Valencia
La Paz - Bolivia
martes, 22 de marzo de 2011
Perdóneme, señor, pero aquí hay hambre
Hace treinta años, Manuel José Arce Leal, un escritor y poeta guatemalteco, que murió exiliado en Francia en 1985, escribió en una de sus columnas en El Gráfico de Guatemala un texto con el título “Perdóneme, señor, pero aquí hay hambre”. Hoy lo reproduzco para el blog, con la respectiva autorización, ya que por el alza de precios de los alimentos el tema del hambre está en boca de muchos analistas, como si esto fuera nuevo para países como el mío. El texto dice así:
“Sí, señor, hay hambre. Y hágame el favor de no seguirla llamando desnutrición, subalimentación, ni palabritas por el estilo. Porque esto no necesita de neologismos: hambre es y hambre se llama. Mi pueblo tiene hambre. Los niños nacen y mueren con hambre. Ya sé que esto no es un tema agradable y que echa a perder a veces la digestión. Lo siento por su desayuno de hoy, pero voy a hablarle de eso.
Fue necesario que el New York Times lo publicara para que cierta gente en Guatemala empezara a pensar que a lo mejor sí, como que hay algo de eso, aunque muy exagerado, claro está. Pero no crea que exageran, ni que estas son mentiras de los “comunistas” para espantar el turismo. En Guatemala hace mucho que hay hambre. ¿Y sabe usted una cosa? El plomo pesa, pero el hambre no se sacia con balas. Y sobre los muchos que ya pesan en nuestra historia, este es otro crimen imperdonable.
Claro que echarle las culpas a la “inflación mundial” es una bonita zafada. O decir que los indios son huevones y que por eso tienen hambre. O decir que qué se va a hacer. Hay algunos que tienen mala suerte, que no progresan porque no quieren y toda esa retahíla de excusas canallas. Hay inflación mundial, cierto. Pero eso no es todo: porque aquí la inflación sólo ha golpeado a la clase media y a la clase trabajadora -campesina o urbana-. Los demás se hacen los “quesos”. No dejarán por eso de gastarse algunas decenas de miles de quetzales en su carrazo de lujo. Si les ponen impuestos les viene flojo, porque suprimen plazas y salarios, a la vez que encarecen productos y ¡santos en paz! La inflación ha resultado un gran negocio para muchos: el estupendo pretexto. Y están sacando buena tajada de ella.
Este país tiene tierra como para alimentar holgadamente a todos sus habitantes. Pero para que ello fuera un hecho, el negocio habría que manejarlo de una manera muy diferente: a manera de que la gente que produce la riqueza de Guatemala con su sudor, su miseria y su hambre, tuviera también derecho a vivir, por lo menos. ¿Cuántos almuerzos de niño indígena vale su carro último modelo, su lancha de lujo, su chaletito, su casa diseñada por el arquitecto fulano y decorada por el señor zutano? ¿Cuántos litros de esa leche que jamás llega a los niños cuesta su última parranda a la que llegó Don Fulanón, Don Zutanazo y Don Perencejote? Ya sé que usted limpia su conciencia diciendo que esto no es culpa suya. No será culpa suya, exclusivamente, pero sí es culpa de ustedes, de un ustedes en el que caben algunas personas: aquellos que comercian con el hambre de nuestro pueblo, aquellos que se asocian para el saqueo de las riquezas de este país, aquellos que le zampan un balazo al espejo que los ofende con su propia imagen.
En Guatemala hay hambre, si señor, HAMBRE. Hasta aquí, el violento disque ha contenido y ha ahogado. Pero ¿Cuánto más va a soportar? ¿O es que ustedes mismos, los que hace apenas un poco de tiempo hablaban de reformar ciertas cosas, de dejar un respiro de justicia al pueblo, de poner en orden a los hambreadotes de nuestro país, ya se sienten seguros, porque ninguna metralleta les quita el sueño?”.
Manuel José, como muchos intelectuales guatemaltecos ya fallecidos, sigue siendo una autoridad y una conciencia para quienes seguimos sus caminos, por eso leerlos de vez en cuando nos fortalece y nos ayuda a seguir luchando para que se construya un mundo sin pobreza extrema.
Sirva este texto para recordar a un maestro y para hacer nuestros sus pensamientos, aunque estos golpeen nuestras buenas conciencias.
“Sí, señor, hay hambre. Y hágame el favor de no seguirla llamando desnutrición, subalimentación, ni palabritas por el estilo. Porque esto no necesita de neologismos: hambre es y hambre se llama. Mi pueblo tiene hambre. Los niños nacen y mueren con hambre. Ya sé que esto no es un tema agradable y que echa a perder a veces la digestión. Lo siento por su desayuno de hoy, pero voy a hablarle de eso.
Fue necesario que el New York Times lo publicara para que cierta gente en Guatemala empezara a pensar que a lo mejor sí, como que hay algo de eso, aunque muy exagerado, claro está. Pero no crea que exageran, ni que estas son mentiras de los “comunistas” para espantar el turismo. En Guatemala hace mucho que hay hambre. ¿Y sabe usted una cosa? El plomo pesa, pero el hambre no se sacia con balas. Y sobre los muchos que ya pesan en nuestra historia, este es otro crimen imperdonable.
Claro que echarle las culpas a la “inflación mundial” es una bonita zafada. O decir que los indios son huevones y que por eso tienen hambre. O decir que qué se va a hacer. Hay algunos que tienen mala suerte, que no progresan porque no quieren y toda esa retahíla de excusas canallas. Hay inflación mundial, cierto. Pero eso no es todo: porque aquí la inflación sólo ha golpeado a la clase media y a la clase trabajadora -campesina o urbana-. Los demás se hacen los “quesos”. No dejarán por eso de gastarse algunas decenas de miles de quetzales en su carrazo de lujo. Si les ponen impuestos les viene flojo, porque suprimen plazas y salarios, a la vez que encarecen productos y ¡santos en paz! La inflación ha resultado un gran negocio para muchos: el estupendo pretexto. Y están sacando buena tajada de ella.
Este país tiene tierra como para alimentar holgadamente a todos sus habitantes. Pero para que ello fuera un hecho, el negocio habría que manejarlo de una manera muy diferente: a manera de que la gente que produce la riqueza de Guatemala con su sudor, su miseria y su hambre, tuviera también derecho a vivir, por lo menos. ¿Cuántos almuerzos de niño indígena vale su carro último modelo, su lancha de lujo, su chaletito, su casa diseñada por el arquitecto fulano y decorada por el señor zutano? ¿Cuántos litros de esa leche que jamás llega a los niños cuesta su última parranda a la que llegó Don Fulanón, Don Zutanazo y Don Perencejote? Ya sé que usted limpia su conciencia diciendo que esto no es culpa suya. No será culpa suya, exclusivamente, pero sí es culpa de ustedes, de un ustedes en el que caben algunas personas: aquellos que comercian con el hambre de nuestro pueblo, aquellos que se asocian para el saqueo de las riquezas de este país, aquellos que le zampan un balazo al espejo que los ofende con su propia imagen.
En Guatemala hay hambre, si señor, HAMBRE. Hasta aquí, el violento disque ha contenido y ha ahogado. Pero ¿Cuánto más va a soportar? ¿O es que ustedes mismos, los que hace apenas un poco de tiempo hablaban de reformar ciertas cosas, de dejar un respiro de justicia al pueblo, de poner en orden a los hambreadotes de nuestro país, ya se sienten seguros, porque ninguna metralleta les quita el sueño?”.
Manuel José, como muchos intelectuales guatemaltecos ya fallecidos, sigue siendo una autoridad y una conciencia para quienes seguimos sus caminos, por eso leerlos de vez en cuando nos fortalece y nos ayuda a seguir luchando para que se construya un mundo sin pobreza extrema.
Sirva este texto para recordar a un maestro y para hacer nuestros sus pensamientos, aunque estos golpeen nuestras buenas conciencias.
Max Araujo
Guatemala Ciudad
lunes, 14 de marzo de 2011
No te olvides de partir el pan
Saliendo de la embajada de Filipinas me disponía a buscar la estación de tren más próxima. Caminaba de prisa para no llegar tarde al aeropuerto. Una mujer también caminaba de prisa pero en sentido contrario y llevando dos barras de pan. Nuestras miradas se encontraron, se reconocieron y por fin, una sonrisa se dibujaba en nosotras por la alegría del encuentro.
- Buenas tardes
- Buenas tardes señora cómo le va
- De dónde es usted
- Boliviana y usted de dónde…
Y olvidé el tren y la estación y el aeropuerto en nombre de la alegría de encontrar un rostro como el mío. Y ella olvidó su…. No me dio tiempo de preguntar a dónde iba ella.
Me contó que vive en París hace cinco años y en diez minutos me resumió su historia, las penas y las humillaciones por las que tuvo que pasar todo este tiempo. Aquí siempre vamos a ser “les femmes de ménage”, en La Paz también trabajaba limpiando casas pero por lo menos la señora me saludaba, aquí ni te saludan, te miran como al perro. Mi amiga dice que nunca vamos alcanzar a ser como los de aquí porque siempre tendremos la cara que tenemos… Y terminó con un quiero volver, aquí nunca vamos a ser iguales que ellos.
Me contó también de las penas de otros, de otros de los nuestros, “a veces nos encontramos en la calle cuando salimos, nos miramos y clarito nos reconocemos, todos pasamos los maltratos que tenemos que pasar, para vos también debe ser así no? Dónde trabajas?”
Y por primera vez sentí vergüenza, “disculpe señora, yo no trabajo limpiando casas, yo vine aquí con un seguro de salud y el pasaje de avión pagado, ahora tengo el seguro del gobierno francés, es el mínimo pero está bien. Sabe? Yo soy voluntaria en un movimiento que lucha contra la exclusión y contra la pobreza, pero hoy por usted no puedo hacer nada…” podría haberle dicho, pero en cambio le dije “yo trabajo fuera de París, es una organización, como una ong y justo ahora tengo que buscar a mi compañera en el aeropuerto, disculpe que me vaya tan rápido, me hubiera gustado charlar más con usted”
Y por otros 20 minutos, me contó las razones por las que llegó a París, de cómo la estafaron con el billete de avión, de cómo tuvo que dejar a su familia, de cómo nunca le ceden el paso en las calles, de cómo se pasa horas y horas trabajando por un salario que no alcanza, de cómo...
- Bueno señorita, cómo se llama usted
- Susana y usted?
- Alicia
- Mucho gusto doña Alicia, pero ya tengo que irme
Pero no pude irme, me quedé para escuchar de las veces que se encontró sin dónde dormir y sin qué comer, de las veces que la nostalgia la invade y la hacen llorar. Me miró y me dijo –le gusta el pan? No quiere un pedazo?– Y aunque intenté decir que no gracias, mi cultura y mis costumbres me hicieron decir
- Muchas gracias, sólo un poquito
- Pero tome otro pedacito, es muy poco, el pan siempre hace falta, yo sé lo que es pasar hambre.
Y por segunda vez sentí vergüenza, “no señora, yo no sé lo que es pasar hambre, yo siempre tuve, nunca me faltó” tendría que haberlo reconocido, pero en cambio no dije nada, sólo le agradecí por el pan. Le agradecí también por su gran lección pero en silencio. Porque con este pequeño gesto Alicia también me dijo, y conmigo a ustedes, algo que casi siempre olvidamos. “No te olvides de partir el pan donde quiera que te encuentres”.
Susana Huarachi Quispe
Orgerus - Francia
- Buenas tardes
- Buenas tardes señora cómo le va
- De dónde es usted
- Boliviana y usted de dónde…
Y olvidé el tren y la estación y el aeropuerto en nombre de la alegría de encontrar un rostro como el mío. Y ella olvidó su…. No me dio tiempo de preguntar a dónde iba ella.
Me contó que vive en París hace cinco años y en diez minutos me resumió su historia, las penas y las humillaciones por las que tuvo que pasar todo este tiempo. Aquí siempre vamos a ser “les femmes de ménage”, en La Paz también trabajaba limpiando casas pero por lo menos la señora me saludaba, aquí ni te saludan, te miran como al perro. Mi amiga dice que nunca vamos alcanzar a ser como los de aquí porque siempre tendremos la cara que tenemos… Y terminó con un quiero volver, aquí nunca vamos a ser iguales que ellos.
Me contó también de las penas de otros, de otros de los nuestros, “a veces nos encontramos en la calle cuando salimos, nos miramos y clarito nos reconocemos, todos pasamos los maltratos que tenemos que pasar, para vos también debe ser así no? Dónde trabajas?”
Y por primera vez sentí vergüenza, “disculpe señora, yo no trabajo limpiando casas, yo vine aquí con un seguro de salud y el pasaje de avión pagado, ahora tengo el seguro del gobierno francés, es el mínimo pero está bien. Sabe? Yo soy voluntaria en un movimiento que lucha contra la exclusión y contra la pobreza, pero hoy por usted no puedo hacer nada…” podría haberle dicho, pero en cambio le dije “yo trabajo fuera de París, es una organización, como una ong y justo ahora tengo que buscar a mi compañera en el aeropuerto, disculpe que me vaya tan rápido, me hubiera gustado charlar más con usted”
Y por otros 20 minutos, me contó las razones por las que llegó a París, de cómo la estafaron con el billete de avión, de cómo tuvo que dejar a su familia, de cómo nunca le ceden el paso en las calles, de cómo se pasa horas y horas trabajando por un salario que no alcanza, de cómo...
- Bueno señorita, cómo se llama usted
- Susana y usted?
- Alicia
- Mucho gusto doña Alicia, pero ya tengo que irme
Pero no pude irme, me quedé para escuchar de las veces que se encontró sin dónde dormir y sin qué comer, de las veces que la nostalgia la invade y la hacen llorar. Me miró y me dijo –le gusta el pan? No quiere un pedazo?– Y aunque intenté decir que no gracias, mi cultura y mis costumbres me hicieron decir
- Muchas gracias, sólo un poquito
- Pero tome otro pedacito, es muy poco, el pan siempre hace falta, yo sé lo que es pasar hambre.
Y por segunda vez sentí vergüenza, “no señora, yo no sé lo que es pasar hambre, yo siempre tuve, nunca me faltó” tendría que haberlo reconocido, pero en cambio no dije nada, sólo le agradecí por el pan. Le agradecí también por su gran lección pero en silencio. Porque con este pequeño gesto Alicia también me dijo, y conmigo a ustedes, algo que casi siempre olvidamos. “No te olvides de partir el pan donde quiera que te encuentres”.
Susana Huarachi Quispe
Orgerus - Francia
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