“¿Sabes cómo es? Es así: al inicio necesitamos
pasar por un camino que empieza en una gran oscuridad. Algunos
incluso van a desistir, pero otros dirán: - Vamos, sigamos! Porque
en aquel camino hay una luz. Y es así como nosotros podemos caminar
y encontrar la luz”.
Es así como Tatiane J.
ve la creación de un nuevo grupo en su comunidad para reflexionar
sobre la participación de personas viviendo en situación de pobreza
extrema en la evaluación de los Objetivos de Desarrollo del Milenio
de la ONU. El grupo al que ella nombró Rayo de Luz. Tatiane completa
su pensamiento diciendo: “Todos tenemos derechos y,
aunque estemos lejos, en la oscuridad, alejados de todo, tenemos
nuestros derechos. Y cuando le hablamos a otra persona, podemos ser
también un rayo de luz”.
Para Raquel F., que
también participa en el grupo, está claro: “Somos seres
humanos y debemos ser tratados como tal. Para recibir una ayuda del
gobierno no tendríamos que someternos a tales humillaciones. La
miseria sólo podrá terminar cuando miren hacia los miserables”.
Los programas implementados por el gobierno para acabar
con la miseria en Brasil todavía no pueden ser considerados como
políticas públicas que garantizan derechos. Tampoco son tomadas en
cuenta las inteligencias y experiencias de las personas que más
conocen sobre el tema de la miseria: las mismas que viven en ella y
la combaten a cada día. ¿Cómo podemos privar a personas como
Tatiane o Raquel de participar de la elaboración de las políticas
de combate a la extrema pobreza? ¿Cómo apoyar al Estado a cumplir
su rol de proteger a las personas? ¿Cómo hacer entender que lo que
se necesita son las garantías de los derechos y no la caridad?
Esperar que los
gobiernos creen políticas para erradicar la pobreza extrema
enfocándose solamente en los que viven en ella no es suficiente.
Tenemos que empezar a vivir de otra manera, pues la sociedad en
general tiene que estar involucrada en ese objetivo, como nos enseña
D. Cristina: “Nadie puede cambiar la miseria solo. Hay
que tener la unión de todas las personas para que actuemos todos con
un sólo pensamiento: levantar ésta clase necesitada, pues
necesitado es aquél que esta caído y no ve cómo levantarse solo,
como yo. Tenemos que juntarnos y luchar con un solo objetivo. Tu vas
a usar tu sabiduría y yo la mía, uno apoyando al otro. Y es con
este conocimiento nuevo, aprendiendo uno con el otro, que podremos
cambiar una situación. Sólo así cambiaremos la sociedad. De otro
modo nada va funcionar.”
Y, para que todas las
personas puedan unirse con respeto, rescatando lo mejor de cada uno,
un joven nos llama la atención: “Para mí el prejuicio
más grande que existe es pensar que todos somos iguales. Nadie es
igual a nadie y no tenemos que ser iguales. Tenemos que aprender a
respetar las diferencias de cada uno”.
Desde junio de 2012
el Movimiento ATD Cuarto Mundo está presente en Brasil con un equipo
de voluntarios permanentes. En este nuevo camino que empezamos
en Brasil, cada persona que vamos encontrando nos llena de esperanza
y nos enseña que estos espacios de encuentros, los cuales nos
permiten conocernos los unos a los otros, con respeto y dignidad, son
la clave para que seamos capaces de mirar en cada ser humano un nuevo
rayo de luz.
Mariana Guerra
Voluntaria Permanente
Movimiento ATD Cuarto Mundo - Brasil
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