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lunes, 12 de enero de 2015

Cinco años del Terreromoto en Haití: “Luchamos sin cesar”


“12 de enero del 2010, un día de duelo que nos ha marcado para siempre. De los escombros nace la esperanza de un nuevo Haití. Cinco años más tarde, Haití ha cambiado, pero para nosotros los más pobres, la vida se ha vuelto más difícil. A pesar de todo, seguimos luchando con nuestras propias fuerzas”.
Así comienza el mensaje escrito por un centenar de haitianos miembros del Movimiento Cuarto Mundo en Haití, cinco años después de la tragedia más grande que azotó ese país.
En su mensaje, estos hombres y mujeres hablan de las promesas que les fueron hechas, de los cambios que observan en su ciudad; pero al mismo tiempo, constatan que la ayuda internacional no ha llegado a todos los lugares ni a todas las personas, que ellos no hacen parte de los trabajadores que reconstruyen los lugares de vivienda y que no existen realmente programas que permitan la participación de los más pobres.
La tragedia también los llevó a experimentar nuevas formas de convivencia y apoyo mutuo ya que las dificultades se acrecentan cada vez más.
Ellos luchan sin cesar, convencidos de que los cambios no vendrán de afuera sino de su propia fuerza.
El siguiente video contiene el mensaje en su totalidad.


Luchamos sin cesar from ATDESP on Vimeo.

lunes, 25 de agosto de 2014

Sueños de infancia, sueños de humanidad

Maria Luisa Rojas 
Ciudad de Guatemala

¡Hay que soñar! Aunque sea tan difícil realizar los sueños hay que soñar…
Los sueños nos animan a actuar buscando algo mejor, nos empujan a cambiar, nos inspiran a ser mejores… Pareciera que sin sueños no hay acción, no nos movemos.

Nacemos con sueños de vida, de bienestar, de paz…

Todos tenemos sueños de niño que llevamos en el corazón. Guardamos como tesoros aquellas ideas locas que en nuestra infancia nos dieron tanta ilusión. Eran sueños tan sencillos que muchas veces se hicieron realidad: recibir de regalo la pelota que vimos en la vitrina, la muñeca que se podía bañar, un gran helado, un día en la playa, un abrazo de papá, ver a todos felices, … Pasan los años y algunos sueños se van realizando, otros se van quedando por ser más complicados o porque la vida no nos ha dado la oportunidad de realizarlos.

Pero qué pasa si desde pequeños la vida es tan dura, el bienestar no existe, la paz es violentada… Estos primeros sueños no se realizan nunca, van siendo opacados, van quedando en lo oscuridad de una covacha, escondidos en un alma infantil, porque sólo ahí encuentran luz.

Cuando hablas con un niño o niña que vive en la pobreza extrema  ¡con cuánta frecuencia escuchas palabras animadoras llenas de esperanza! Palabras que vienen de un corazón soñador que sobrevive en un cuerpo desnutrido, sucio, harapiento… Palabras incongruentes con la vida, pues te hablan de cariño, de igualdad, de armonía que esperan encontrar alrededor. Cuando te falta tanto, sueñas con mayor razón, sueñas todo aquello que debiera ser una realidad; tener alimento, aprecio de los demás, una vivienda, un tiempo para descansar. Todos estos sueños sin realizar se van acumulando, siendo ahora sueños de la humanidad: queremos un mundo justo, queremos un mundo en paz, un mundo mejor… queremos, como estos niños, ver tantos de estos sueños hechos realidad.

lunes, 4 de agosto de 2014

Cuando las normas y reglas no bastan

Karely Paredes Ochoa 
Cusco - Perú 

Durante todo el año, una preocupación constante de los padres y madres de familia que viven en situaciones de precariedad es cumplir con todas las obligaciones que surgen dentro del proceso educativo de sus hijos, estas obligaciones inician en el mes de febrero cuando a pesar de decirse que la educación es gratuita y que no debe existir ningún tipo de pago todas las instituciones educativas realizan un cobro.
El resto del año estas obligaciones van desde la compra del uniformes, libros, cuadernos; todo el resto del año existe la necesidad de pago de cuotas para diversas actividades como danzas, actividades internas como aniversario del colegio, día del padre, día de la madre, sólo por mencionar algunos, y también existen otros gastos que implica el pago para fichas, compra de materiales para algunos trabajos, etc.
La mayoría de los padres entiende que si quieren que sus hijos aprendan estas exigencias son de alguna manera necesarias, pero al mismo tiempo creen que si existen tales exigencias también es necesario transparentar los pagos que se hacen, es decir que por parte de las Asociaciones de los Padres de Familia o los mismos profesores hagan de la rendición de cuentas una práctica cotidiana.
Por otro lado una de las mayores problemáticas que se vive es que la falta de pago de estas cuotas o los pagos tardíos hace que en muchas ocasiones los niños reciban malos tratos en medio de todos sus compañeros, que los padres sean avergonzados en las reuniones y en ocasiones se les diga frases como “no quieren a sus hijos por eso no los apoyan”, en otras oportunidades incluso hay amenazas de retención de libretas o certificados. Según los funcionarios de sector de educación sobre todo estos últimos no deberían suceder o en caso contrario deberían ser denunciados.
Pero para las personas que viven estas situaciones de vulnerabilidad hacer una denuncia no es tan sencillo, pues existe el temor a las represalias, hacer una denuncia implica saber cuáles son las vías que se debe de seguir, muchas veces con la palabra de las personas no basta y hay que redactar un documento, también se necesita tiempo. Entonces si bien existen leyes y normas que buscan proteger a las personas, muchas veces no bastan, pues aunque parezca incomprensible para muchas personas, éstas no siempre responden o sirven de la misma manera para todos.

lunes, 16 de junio de 2014

Si es por vuestro bien...

Daniel García
Madrid

“Nunca puedes decir la verdad, puede ser peor”, me decía una vez una abuela que tiene varios nietos acogidos, comentando sobre la amenaza constante que siente por parte de los servicios sociales que se supone que están al servicio del "interés primordial del menor". Resulta perverso que las instituciones que dicen velar por la protección y el servicio a l@s más pobres terminen convirtiéndose en ocasiones en la principal amenaza que tienen que afrontar. Esto suele ocurrir cuando se tropieza con algún profesional agobiado por situaciones que escapan a su control. De repente toda la maquinaria institucional se vuelca en la tarea de conseguir apartar a l@s hij@s de sus padres, y si a éstos se les ocurre intentar evitar la ejecución de la sentencia dictada, se les van cerrando todas las puertas y se utiliza el chantaje de mil y una maneras hasta que no queda otra opción que aceptar la ruptura familiar como algo inevitable.

Aún así, hay familias que resisten como pueden. Ser testigo de esta lucha te cuestiona, te rebela, te frustra. Ver cómo por miedo a que les quiten a sus hijos unos padres abandonan el piso en el que fueron realojados y comienzan a peregrinar en la incertidumbre de quién les podrá ofrecer un techo bajo el que dormir, cuando su falla es simplemente ser pobres... Ver cómo se les maltrata y se les menosprecia por parte de la técnico de tutela para luego llamarles maleducados por no aguantar las formas por tanta tensión y rabia acumulada... Ver como esta lucha por salir adelante junt@s les supone que les quiten la Renta Mínima de Inserción, que no puedan inscribir a l@s niñ@s en el colegio de su nuevo barrio para que la Comunidad de Madrid no se los lleve, de manera que la supuesta situación de riesgo del principio se va multiplicando por las medidas de presión de la administración... ¿Cómo es posible aguantar todo este proceso, mantener esta tensión, este esfuerzo? No lo llego a saber muy bien.

Pero este no es el único caso en que los profesionales de diferentes ámbitos ejercen violencia sobre l@s más pobres. Resulta violento que se imponga la opinión del "que sabe" (porque ha estudiado en la universidad lo que es la exclusión) sobre el "que no sabe" (aunque tenga el conocimiento que da la experiencia de una vida entera en la pobreza), resulta violento que te recuerden constantemente tus errores y faltas y se fiscalice y controle tu comportamiento, resulta violento que se pida a alguien en situación de tremenda fragilidad que mantenga las formas y la compostura mientras se desmorona su mundo...

La institución ofrece servicios y ayudas. Pero al mismo tiempo marca un camino a recorrer. Algunos se salen del mismo y nadie se entera, pero otr@s por diversas circunstancias aparecen en el punto de mira, donde se hace patente su fragilidad y se muestra así como inevitable la necesidad de la intervención de los especialistas del ramo.

Así es esta violencia, como otras, "por el bien de la gente".

lunes, 7 de abril de 2014

Educación, un desafío para padres e hijos.


Karely Paredes Ochoa 
Cusco - Perú 

Hace unas semanas la Unicef presentó el documental “La escuela del Silencio”, este documental muestra las dificultades y desafíos que tienen que superar las niñas en el Perú para alcanzar su derecho a la educación. El documental está inscrito en las tres realidades geográficas del país; costa, sierra y selva a través de experiencias que viven niñas y jóvenes de los departamentos de Lima (costa). Ayacucho (sierra) y Ucayali (selva).
El objetivo de este documental es sensibilizar sobre una realidad que muchas veces es desconocida y mostrar las dificultades que afrontan sobre todo las niñas para alcanzar su derecho a la educación.
Pero creo que también es importante hablar de los esfuerzos que realizan los padres y que lamentablemente en este documental quedan invisibilizados.
La señora Flor es madre de una familia migrante, hace varios años ella y su familia han dejado su comunidad para venir a vivir al Cusco. Nos explica que dentro de su comunidad las familias pobres como ella reciben varios ayuda de los programas que ahora viene brindando el gobierno y a los cuales esta familia ya no tiene derecho por haber migrado. Al contarnos los motivos por los cuales dejaron su comunidad, ella nos dice: “yo me vine al Cusco porque en mi comunidad la educación no es buena, lo que yo quiero es que mis hijos aprendan bien, las ayudas que da el gobierno están bien, pero si no hay buena educación esas ayudas no sirven, por eso yo prefiero vivir en Cusco aunque aquí no tenga esas ayudas”
Este año, la señora Flor una vez más ha matriculado a sus hijas en el colegio para que puedan seguir estudiando, pero le preocupa las dificultades que tiene la pequeña Fabiola pues lamentablemente nunca la pudo poner en un jardín (educación inicial de 03 a 05 años), ella nos cuenta “el colegio le ha chocado porque yo no le pude poner en el jardín, ahora espero que este año le vaya mejor y que pueda aprender”.
Fabiola cursa el segundo grado de nivel primario, pero aún no se anima a leer sola; cuando le pregunté si sabía leer, tímidamente me dijo “no”, pero le gusta los libros, le gusta escuchar las historias y disfruta de estos momentos, incluso pierde la timidez que la caracteriza. En el Perú 76% de las personas analfabetas son mujeres, la señora Flor decidió que sus hijas no sean parte de estas estadísticas, por ello dejó su comunidad en busca de mejores oportunidades para ellas y, como ella misma dice, “Ellas tienen que aprender para no quedarse como yo”.

lunes, 17 de junio de 2013

Sueños quemados

Daniel García, Madrid

Nos hemos visto muy poco, Ioanna. Tan sólo hace un mes que cruzamos las primeras palabras, cuando llamamos a tu puerta. Una puerta de madera raída, medio desvencijada, que no era capaz de cerrar la entrada a esa casa, antes abandonada, en la que varias familias os habíais refugiado tras haberse quemado la anterior en la que vivíais. Llegamos con nuestra maleta azul llena de libros, dispuestos a explicar nuestro proyecto de Biblioteca de Calle y a invitar a todo niño o niña que encontráramos a participar en ella la próxima vez que viniéramos. En ninguna de las puertas que tocamos nos encontramos con una acogida como la tuya, ni con esas ganas inmensas que desplegaste desde el primer momento por jugar, por reír, por leer, por compartir. Un sí rotundo, claro, junto con una búsqueda inmediata de a quién más podía interesar la actividad: “mi hermano no sabe leer, y mi madre quería buscar un lugar donde pudieran ayudarle”.

Cuando volvimos, al cabo de un par de semanas, estabas junto con varios hermanos y primos esperándonos en el parque que te habíamos propuesto para hacer la Biblioteca de Calle, un lugar en el que se reúnen muchos niños al estar a la salida de un colegio. Ibais todos vestidos como si fuerais a una fiesta, y nos contagiasteis enseguida la ilusión por el encuentro que íbamos a compartir. Imposible no dejarse arrastrar por vuestra alegría. Pero en tu rostro había una sombra, Ioanna. Nada más llegar me preguntaste si no podíamos ir a otro parque que estaba un poco más lejos, en el que había más espacio. Me daba la impresión que había cierta angustia en tu cara, como si no estuvieras cómoda. El parque estaba lleno, es cierto, porque estaban todavía much@s niñ@s del colegio concertado de al lado, tod@s con su uniforme. Un colegio que no es el vuestro, una plaza, un espacio que no soléis compartir, quizás para no exponeros a las miradas, a los juicios, a la distancia que otros marcan cuando os ven, simplemente por el hecho de ser gitanos rumanos. De hecho así fue. Varios niños se acercaron con curiosidad a ver qué hacíamos; ninguno de ellos se animó a sentarse a leer a nuestro lado. Aún así, conseguimos disfrutar y mucho de la tarde compartida con vosotros entre libros y juegos, y al final de la misma nos compartiste uno de tus sueños: ir a la biblioteca municipal que hay en el barrio. “¿Cuándo vamos?”, nos dijiste para que no nos olvidáramos de tomarlo en serio.

Esta semana pasada nos tocaba volver a ir. Pero la noche antes de cuando habíamos fijado nuestro siguiente encuentro, el barrio se llenó de sirenas, luces y olor a chamusquina, así como de vecinos que salieron de sus casas para ver qué es lo que pasaba. No sé porqué, pero enseguida que oí la sirena de los bomberos pensé en ti y en tu familia, como si no pudiera ser otra la casa que se estuviera quemando. Quizás no podía ser otra, efectivamente, porque la precariedad en la que os veis obligados a vivir os pone en riesgo de manera permanente. Al salir a la calle, enseguida os vi, en medio de las luces, los coches de policía, las ambulancias, los bomberos y los vecinos. Como si vuestra tragedia hubiera sido seleccionada para salir al escenario y hacerse pública delante de todo el barrio. No calculo muy bien, pero erais entre 30 y 40 personas, la mitad de ellas niños, quiénes os habíais quedado en la calle, sin pertenencias, todo quemado. Nadie salió herido, pero todos quedasteis a la intemperie. En el corrillo de vecinos que miraba desde la barrera, todo tipo de comentarios, algunos despectivos, otros de preocupación al ver tantos menores en la calle, algunos se volvían a sus casas para coger algunas mantas y ropas de abrigo que poder prestaros. Vuestra indefensión, hecha pública, sacaba lo peor y lo mejor de quienes queramos o no formamos una comunidad en este territorio que compartimos.

Me costó tiempo encontrarte entre tanta gente. Cuando por fin lo hice, me acerqué, y te extrañó verme por allí. Te expliqué que yo también vivo en el barrio. Enseguida me dijiste que no sabías si podrías venir al día siguiente a jugar, a leer, porque tendrías que ir a otro barrio a casa de unos familiares que os acogerían; de repente nuestro nexo de unión se rompía, y con él la posibilidad de cumplir tu sueño de visitar la biblioteca. “¿Cómo lo podríamos hacer ahora?”. No sólo se había quemado lo material, sino también muchos proyectos, como éste de entrar como cualquier otra niña en un espacio abierto a todos pero al mismo tiempo tan distante. Nos quedamos en silencio. Como no supe que decir, decidiste seguir tu ronda acercándote a consolar a los niños más pequeños, que por los nervios y el cansancio rompían a llorar. Sueños quemados mientras no se puede dejar de atender a lo fundamental, el cuidado de quienes constituyen la única red que puede sostenerte en estas situaciones de extrema precariedad.

Al día siguiente, una vez ocultas de nuevo vuestras dificultades, quién sabe dónde y de qué manera, los comentarios que escuché te daban la razón cuando nos pedías salir del parque lleno de niños, Ioanna. Nadie parecía querer tomar en cuenta vuestra existencia, vuestra lucha, vuestra pasión por vivir. A muchos les molesta vuestra presencia. Los del equipo de la Biblioteca de Calle fuimos por si acaso algún milagro hubiera permitido que vinieras de nuevo con tus hermanos y primos a leer un rato con nosotros. Pero no. El milagro no se dio.

Y sin embargo, sigues estando muy presente para mí. Se me quedó grabada tu imagen, siempre en pie, mirando alrededor para ver dónde tocaba acudir, donde apoyar, mientras hacías recuento de tus sueños, tratando de salvar algún rescoldo entre tantas cenizas.


Hasta la próxima, Ioanna. Y mucho ánimo, mucho coraje, para poder seguir manteniéndote en pie.  

lunes, 10 de junio de 2013

La calle no tiene hijos

Saint Jean Lhérissaint
Puerto Príncipe - Haití

En las calles de Puerto Príncipe y de otras ciudades en el interior, encontramos a niños de ambos sexos y de todas las edades. Hay gente que les llama « niños de la calle », « koko rat », « grapyay », « sin familia ». Se los encuentra sobre todo en las estaciones de tap tap (buses), en las plazas públicas, en los grandes cruces y en todos los lugares donde se reúne mucha gente. No todos los niños que viven en las calles tienen los mismos objetivos. Las causas que los llevan a esta situación son diferentes. Hay muchas razones que explican la presencia de los niños en las calles de Haití. Hay niños que están en la calle porque fueron golpeados por sus padres. Los hay quienes perdieron a sus padres o a sus tutores. Otros llegan a las calles porque la situación económica de su familia es muy difícil. A otros los botaron a la calle sus propios padres y... en fin otros vienen de la provincia porque les dijeron que en la capital hay trabajo. Una última « categoría » de niños viven en la calle porque un amigo, que ya vive en la calle, los invitó a unírsele con el objetivo de ser libres como una mariposa.

Para vivir, los niños que viven en la calle hacen trabajos diversos : embarcar los tap tap, limpiar los carros, lavar platos, mendigar. También recogen todo lo que encuentran en su camino y que puede ser vendido como fierro, aluminio, cable eléctrico, botellas, etc... Cuando no encuentran nada, van a sentarse al lado de los que venden comida para pedir a los clientes que les dejen algunas cucharas en el plato. Siempre se informan sobre dónde pueden encontrar algo. A veces sucede que los niños apoyan a sus familias con lo que ganan en la calle. Julien, un niño de 12 años dice : « Cada vez que voy a trabajar, si gano algo de dinero, siempre llevo algo para mi mamá. A veces mi mamá llora al tomar el dinero, pero de todos modos lo acepta porque no tiene. Ella dice que no es ésta clase de vida que quiere para su hijo, pero la pobreza la obliga ». Los niños se exponen al peligro antes de ganar algo de dinero. A veces los carros golpean a los niños cuando éstos están ofreciendo sus servicios a los vehículos. A menudo sufren insultos y humillación. Incluso son apaleados a veces porque las personas no los soportan.

Los niños que viven en las calles son víctimas de violencia por parte de sus compañeros, los adultos y las autoridades. Cuando un niño entra en una base (grupo), deberá obtener su integración bajo el consentimiento de los otros. Para eso, se debe pagar un precio : él recibirá fuertes golpes, se le hace trabajar y toman el dinero en su nombre, incluso pueden ser obligados a hacer cosas que ellos no elegirían hacer por su propia voluntad. René dice : « Cuando golpeo a un niño que acaba de llegar a la base, no quiere decir que yo no lo estime. Lo único que hago es darle un “pase”. Hay que darle permiso a los recién llegados. Yo también fui bautizado a puñetes cuando llegué ».

Entre los niños que viven en la calle aquí, siempre hay peleas. El uno sufre la violencia de parte del otro. En realidad nunca son verdaderos amigos, tampoco son enemigos. Ellos se ven obligados a mostrarse fuertes para no dejarse atropellar por los demás. La regla es : arreglárselas con la realidad del cemento (concreto). Los mismos niños que acaban de pelearse, son los que caminan mano a mano algunos minutos después. La solidaridad no falta entre ellos. Es la calle la que les impide ser como corderos si ellos quieren protegerse.

A pesar de todas las dificultades que viven esos niños, ellos tienen una sonrisa en sus labios. Son solidarios entre ellos, a veces un pedazo de pan que un niño tiene, puede ser compartido con otros diez niños. Como todas las demás personas, ellos tienen sueños, les gustaría vivir de otra manera. Tienen la esperanza de que las cosas cambiarán y que ellos serán parte del cambio. Son muy talentosos, conocen muchas cosas. Están bien informados de todo lo que pasa en la sociedad. Están en la búsqueda de nuestra comprensión. No son casos perdidos, su manera de vivir puede cambiar si creemos en ellos. Ellos saben que un niño no puede vivir en la calle. La calle no tiene hijos.... pero hay niños que viven allí !!!