lunes, 13 de febrero de 2012

¿QUÉ OPORTUNIDADES HAY PARA LA JUVENTUD?

El ciclo escolar ha iniciado en nuestro país. Una madre de familia me comentaba: “He ido a inscribir a mi hijo en primero básico y no lo han aceptado porque tiene quince años”.

El sistema educativo tiene establecido que un alumno debe terminar primaria a los doce o trece años. Ésta es la edad ideal para ingresar a primero básico y terminar una carrera a los dieciocho o diecinueve años. Pero ¿Qué de aquellos jóvenes como éste, que tuvo muchas desventajas en su paso por las aulas y que no le permitieron avanzar normalmente y terminar a la edad estipulada? ¿No son éstos de aquellos a quienes les fue difícil encontrar su lugar en la escuela? ¿Por qué se le ha de negar el ingreso a otro nivel cuando no es él el único culpable? ¿Qué otras opciones podrán encontrar estos jóvenes si no es posible su ingreso al nivel escolar que les corresponde?

Como esta madre, hay muchas familias que están en la misma situación. Pagar un centro educativo privado es imposible para los más pobres. Las cuotas mensuales en estos establecimientos son inaccesibles.

Aun cuando el sistema nacional no es el más eficiente, no hay otra opción. Los niños y jóvenes deben ingresar a pesar, que se sabe, no saldrán muy bien preparados académicamente o que dentro de estos establecimientos hay peligros que no se pueden evitar.

Las desigualdades son muy evidentes. Los padres siguen con incertidumbres. No se han puesto en marcha programas para aquellos jóvenes que no han podido, por diferentes razones, ingresar al sistema ni para aquellos que, cuando han ingresado y superado todas las dificultades para mantenerse en la escuela y egresar de sexto primaria, cuentan con una edad que supera la establecida. Aun cuando existen las escuelas nocturnas, no son la mejor opción por la inseguridad que se vive.

Conozco muchos jóvenes que se encuentran lamentando no haber estudiado, aun cuando son capaces de hacerlo. Una madre de familia comentaba: “si yo hubiera tenido la oportunidad de estudiar, habría llegado muy lejos.” Y no lo dudo, es una mujer con una inteligencia sorprendente pero que, lamentablemente, no tuvo la oportunidad de mantenerse en la escuela y terminar sus estudios. Ahora su vida es mucho más difícil por no poseer un grado académico que le permita obtener una oportunidad de trabajo formal.

Hace unos días se dio a conocer en nuestro país la Primera Encuesta Nacional de la Juventud, la que revela datos impactantes relacionados con este sector de la población. Este documento es el primero que se realiza en la historia nacional y menciona que de los 14 millones de guatemaltecos, más de diez son menores de 30 años y de ellos muchos miles, no saben leer ni escribir; y solo uno de cada cien jóvenes de nivel socioeconómico bajo logra terminar la Universidad. Es una realidad muy fuerte.

Con todo este panorama, muchos seguimos echando la culpa a los jóvenes por la violencia que se vive en nuestro país, sin pensar que no son ellos los únicos culpables por no encontrar alternativas en un país donde la prioridad tendría que ser ellos.

Termino con esta frase: No hay jóvenes malos, sino jóvenes mal orientados y (le agregaría) sin oportunidades.


Elda Nohemí García
Escuintla, Guatemala

lunes, 16 de enero de 2012

El Secreto del basurero

Artículo escrito por Susana de León, publicado en El Periódico, Guatemala.


“Es más fácil entrar al Banco de Guatemala que al relleno sanitario de la zona 3”, comparan quienes lo han intentado. Y tienen razón. En esta crónica se describe los intentos por ingresar a uno de los lugares mejor resguardados de la ciudad, el basurero de la zona 3.

“En alguno de los recovecos del basurero existe un pantano encantado. Encantado porque se traga los camiones –con todo y conductor–, y jamás los volvemos a ver”. “En ese sitio pasan cosas raras: la gente se hunde y ya no vuelve a salir”. “Dicen que al fondo hay una mina de oro”. “No vaya ahí porque es peligroso”. Lo mismo dicen recolectores de basura (guajeros) que habitantes de los asentamientos aledaños al Relleno Sanitario, el basurero de la zona 3, a donde llega la mayoría de desechos de la ciudad.

Si fuera que la entrada del cielo (para quienes creen en uno) estuviera custodiada por un San Pedro tan rígido como los guardianes del relleno sanitario, de seguro muchas almas buscarían maneras para entrar al paraíso: conseguir un carné como manda el reglamento; mezclarse entre los ángeles (guajeros, valga la comparación) o, como tocó en esta crónica, escabulléndose por un paso ciego.

No es una cárcel de máxima seguridad ni el residencial más exclusivo de la capital ni mucho menos, pero la entrada esta vedada para quien no viva o trabaje allí. Algunos periodistas locales y extranjeros han ingresado por el Cementerio General o por La Verbena, zonas 3 y 7, respectivamente. Ambos flancos alto peligroso por la inseguridad del área y lo inestable del terreno. Pero descubrí otra opción en cuatro días, contados desde que inicié los trámites formales en la comuna capitalina para entrar. Y revelo el secreto.

Día uno
Sin más presentaciones, el fétido olor que emana del vertedero recibe a propios y extraños. Nauseabundo y penetrante. Arriba vuelan en espiral los zopilotes que ya son parte del paisaje en cualquier colector. En la entrada están los guardianes, los cuidadosos hombres que vigilan el paso de trabajadores y vecinos, y nadie más. “No puede ingresar a menos que traiga un permiso de la Municipalidad”. De nada sirvió explicarle que soy periodista y que escribiría acerca del tratamiento de la basura. “Es peligroso”, me advirtió aquel individuo moreno de chaleco verde transmetro. “Vaya al sexto nivel de la Muni y allí le dirán qué hacer”.

Mientras el diálogo tenía lugar a las 10:00 de la mañana de un miércoles especialmente frío, los camiones recolectores y personas a pie ingresaban al relleno sanitario sin tanto trámite. ¿Y ellos por qué si pasan?, la respuesta fue simple: tienen carné.

Caminé en busca de otra entrada a lo largo de la pared de block que protege el basurero —¿o que nos protege de él? Aunque tiene grandes agujeros por donde entraban personas, algo me decía (instinto, creo) que por allí no lo intentara. Pude observar cómo tres indigentes removían la basura que se rebalsaba hacia la calle. A unos 25 metros de la puerta principal está abierto otro acceso que lleva a las bodegas con basura clasificada, y a casitas de lámina zinc. Este lugar también está custodiado por guardias y guajeros.

En los alrededores hay jóvenes y niños que separan envases de plástico y botellas de vidrio rescatadas de los vehículos recolectores. Hay picops fleteros que cargan costales o cachas como también les llaman, con desechos clasificados; y personas como Eugenia, que aguarda con ansias los camiones que transportan la basura que llega de cada zona de la ciudad. Vive a un costado del muro que separa el basurero de la calle. “Mi casa es allí, debajo de esas tarimas, ¿la ve?”, señala con el índice unas láminas y chatarra amontonadas. Es difícil distinguir una vivienda allí. Cuando le pregunto por qué cree que los guardias municipales no permiten el ingreso al lugar, no duda en responder: “porque las personas se pueden hundir en cualquier momento”.

Día dos
En el sexto nivel de la Municipalidad se encuentra la oficina de Comunicación Social. El lugar es acogedor: piso de madera, sillones mullidos, ambiente cálido y cómodos cubículos para cada empleado. En este sitio solicité el permiso para lograr entrar al basurero. El encargado, Carlos Sandoval, prometió tener una respuesta a la tarde. Eran las 11:30 de la mañana de ese jueves.

Dicen colegas que han intentado entrar al basurero, un poco en broma y un poco en serio, que es más fácil entrar al Banco de Guatemala. Decidí comprobarlo, siendo que la banca central se encuentra a unos metros y un puente de distancia de Tu Muni.

Los guardias de la entrada permiten el ingreso a cualquier parroquiano, en la recepción dos mujeres de cabello bien recogido dan instrucciones a los visitantes: “para realizar un recorrido debe comunicarse a la Unidad de Información Pública, allá está el teléfono para llamarlos”, indicó seguido de un delicado ademán para mostrar el aparato. Las 11:44 de la mañana.

Unos 10 minutos después de la llamada auricular empezó el recorrido con el guía Ricardo Martínez. Conoce bien cada recodo del edificio y la historia que guarda. Conocí por dentro el banco al presentar tan solo mi carné de periodista.

Ese mismo jueves, pero algunas horas más tarde, la respuesta de la comuna llegó: “es imposible entrar al relleno sanitario por medidas de seguridad”. ¿De seguridad?, ¿qué tipo de medidas?, pregunté. La respuesta la obtuve dos días (hábiles) después: “por ser un área industrial existe una gran cantidad de maquinaria pesada y el suelo es inestable”. ¿Ni siquiera a donde llegan los camiones?, Insistí. La respuesta fue la misma: no.

Día tres
Es viernes y Carmen, la madre de un niño que recolecta basura, está parada en la calle frente al asentamiento Manuel Colom Argueta. Son las 8:00 de la mañana y muchos de sus habitantes trabajan en las cercanías; algunos en los camiones, otros en el botadero.

“Ahí no la van a dejar pasar. Una vez un muchacho se hundió y no lograron sacarlo”, me advirtió. “Pruebe con las organizaciones que trabajan con las personas del basurero, de seguro ellas le dirán qué hacer”. Contacté al Centro Educativo Francisco Coll, me atendió Oscar.

–“¿Conoce la “avenida del zopilote?, que esa sea su guía para encontrar la dirección (13 avenida 35-35, zona 3). Por una confusión en las indicaciones llegué al Asentamiento La Paz. Eran calles estrechas, casas, tiendas, gente que me observaba con suspicacia, pero del colegio, nada. Decidí posponer mi búsqueda para el siguiente día.

Día cuatro
Un poco de plática, pensé, vendría bien para conocer a quienes habitan y trabajan en el basurero. Le pregunto a Irina (por su seguridad, dice, me da un nombre falso), ¿cómo es vivir acá? Cierra sus ojos y el primer recuerdo que llega a su mente es el de un pequeño recipiente con un trozo de carne, parecía limpio y eso era muy extraño en un lugar donde la suciedad domina. Tenía 3 meses de embarazo. “Se me antojaban cosas ricas”, dice. Cocinó el filete y lo compartió con sus tres hijos de 4, 5 y 6 años en ese entonces, y unas horas después se sentía mal, cerró los ojos un momento y al abrirlos ella y los niños estaban en el hospital.

La comida que había ingerido tenía veneno, “quizá para matar a algún perro”, supone. Ella trabaja en el colegio Francisco Coll.

La suya parece una vida dantesca. “Allá abajo todo es un riesgo: una vez se hundieron varios compañeros y cuando pedimos ayuda nos dijeron que no alegáramos o la entrada estaría prohibida para nosotros. Muchos de nuestros hijos se han quedado ciegos o sordos por algún virus que pescaron cuando nos acompañaban a trabajar”, dice. Hace 16 años trabaja en el colegio, y antes trabajó 12 en el basurero, donde ganaba Q6 al día.

Irina habla de desaparecidos, tragados por el basurero, y de cuerpos de recién nacidos que allí abandonan o “aparecen”, como ella dice. Tiene más anécdotas para compartir, ¿acaso los secretos del botadero? La religiosa católica Esperanza Sánchez, directora del Colegio Francisco Coll, asignó a Irina la tarea de servir de guía en mi recorrido. “¿Quién mejor si no alguien de acá para enseñarle el lugar?”.

El patrón es el mismo en los asentamientos La Paz, 14 de Octubre, Manuel Colom Argueta y Las Crucitas: pequeñas casas con montañas de costales en la entrada, perros callejeros y pandillas. Unos metros antes de la salida está Kimberly, una niña de 9 años con una yarda de plástico extendido y sobre este zapatos, ropa y juguetes, una improvisada paca con los objetos que su familia encuentra en el vertedero. Ni hablar de sitios de recreo para los niños acá.

Hay un quinto asentamiento dentro del relleno sanitario, el “Sandra de Colom”. Las casitas son nuevas a juzgar por las láminas aún plateadas, y hace poco les instalaron un chorro de agua potable para todos. Tiene por calles caminitos de tierra donde una tropieza con la tubería. El patio trasero del asentamientos es nada menos que el vertedero, el relleno o como todos lo conocen: el basurero de la zona 3. Allí, las moscas y los zopilotes se pelean por ser los más adaptables, los reyes absolutos del lugar.

Esos son los secretos que con recelo guarda la Municipalidad, la fragilidad del lugar y la miseria de sus habitantes. La inconsistencia de un suelo movedizo que se traga lo que sea, y la miseria a través de las historias de cada uno de sus inquilinos. Y ese es el secreto del basurero.

martes, 22 de noviembre de 2011

VUELTA A MADRID

Inventar proyectos innovadores: un objetivo imprescindible frente a la extrema pobreza.

Hace unas semanas tuve la oportunidad de volver a visitar a Julio y María después de casi diez años sin vernos.

Son un matrimonio que conocí en Madrid en los años 90 y que a lo largo de los años se han vuelto una referencia de lo que significa aguantar condiciones de vida y exclusión extrema; y luchar a pesar de todo, con la esperanza de que mañana será mejor. He aprendido mucho de ellos y son una guía en mi compromiso como voluntario permanente.

Los conocí en el barrio de chabolas de Las Barranquillas. En aquella época Julio y María vivían apartados del barrio en una casita medio arruinada, sin agua ni comodidades, lejos de todo, rodeada de barro en invierno y de polvo en verano. Bajo el mismo techo, convivían varios hijos, nueras y nietos, según la semana podían ser 10 ó 20 personas...

Fueron ellos los que me hicieron descubrir y entender la vida de los más pobres en Madrid: ganarse la vida día a día, rebuscando la chatarra con un coche agotado, compartiendo juntos lo que se compraba con el producto de la venta o lo que se encontraba en los cubos; acogiendo a los hijos que los necesitaban, a pesar de la superpoblación, prestándose ayuda para afrontar todo lo que les caía encima...

Al principio de los años 2000, el barrio de chabolas fue derribado, y los habitantes fueron realojados en viviendas sociales. Julio y María recibieron un buen piso de alquiler en Alcalá de Henares, pero a más de 30 km de Madrid. Tuvieron que cambiar todos los circuitos que les permitían sobrevivir, aprender a pagar un alquiler y los gastos de luz, agua y comunidad, convivir en el mismo edificio con gente diferente... Nada fácil.

A lo largo de los años los chicos y chicas que yo había conocido como niños han formado pareja y tienen niños. Antes de la crisis, más o menos todos se las apañaban. Pero los dueños de las viviendas exigieron a María y Julio que no siguieran acogiendo en casa ni a sus hijos ni a sus familias porque molestaba demasiado a los vecinos. Entonces tuvieron que irse y se alojaron de okupas en un inmueble nuevo sin acabar, hay unas cincuenta familias agrupadas así. A primeros de octubre, la justicia ordenó el desalojo de todas estas familias.

Cuando les visité, no habían encontrado nada para alojarse más que una nave industrial sin agua ni baños. Carmen, una de las hijas de Julio me dijo: “nunca puedes descansar, al momento en el cual necesitas que te ayuden, te tiran por abajo y toda tu vida está por tierra...” Sin embargo, la solidaridad familiar no se desmiente, es lo que les permite a todos seguir adelante.

Como lo dije al principio, esta familia es para mí una referencia: el Movimiento ATD Cuarto Mundo ha logrado ganar su confianza y hemos conseguido estar a su lado a lo largo de todos estos años. Hemos visto progresos, como el acceso a una vivienda digna, la escolaridad de los niños y la salida de la droga de varios adultos.

Hemos soñado con esta familia una promoción social y una integración. Pero no las hemos conseguido y la crisis que azota a España lo hace mucho más difícil todavía. Ganarse la vida como lo saben hacer se ha hecho mucho más complicado y los servicios sociales ven sus medios tan reducidos que lo único que siguen haciendo es controlar a los pobres, pues no les pueden ayudar de verdad...

En la coyuntura actual, ¿qué proyectos innovadores debe poner en marcha el Movimiento ATD Cuarto Mundo con esta familia y todas las que están en la misma situación para construir una perspectiva motivadora? Tengo total confianza en los que llevan adelante el Movimiento Cuarto Mundo en Madrid, pero, ¡vaya desafío que tienen que revelar!

Desde Francia
Bruno Couder

lunes, 3 de octubre de 2011

Prohibido entrar con “chinelas”

“Todos los solicitantes están obligados a estar vestidos correctamente. A los solicitantes que lleven pantalones cortos, sandalias o chinelas no se les permitirá la entrada” cita un letrero colocado hace más de un mes en la Oficina de Inmigraciones en Manila.

Los pantalones cortos, las sandalias y sobre todo las chinelas son el vestuario común de la gran mayoría de los filipinos. Pero para la gente muy pobre que sobrevive en las calles, debajo de los puentes y a lo largo de los ríos que atraviesan Manila, son también el único vestuario que alcanzan a usar.

Hace casi un mes, una amiga de ATD Philippines, nos ofreció entradas para un espectáculo de Ballet. Por nuestra parte invitamos a los jóvenes que viven bajo uno de los puentes de Manila. Muchos jóvenes se apuntaron en la lista. ¿Permiten entrar con chinelas? Preguntó una de las facilitadoras. Nos quedamos sorprendidos. El espectáculo sería en el Centro Cultural de Filipinas (CCP por sus siglas en inglés), una institución gubernamental igual que la oficina de Inmigración.

¿Se puede prohibir el acceso a la cultura porque uno se viste “adecuadamente”?

El día del espectáculo algunos jóvenes tomaron prestados un par de sandalias, otros llevaban zapatillas deportivas. Pero otros, simplemente no tenían ni siquiera la posibilidad de pedir prestado, fueron con lo único que tenían como zapatos: un par de chinelas.

Finalmente pudimos entrar sin problemas, quizá porque corrimos con buena suerte…

Por otra parte, hace unas semanas vi un letrero similar en una de las universidades privadas más importantes de Manila. ¿Por qué?

La sociedad suele aceptar este tipo de letreros en establecimientos privados (discotecas, restaurantes, cines, iglesias, etc.) para evitar la entrada a personas que podrían causar escándalos, robar o… dar mala impresión al lugar. Pero aceptar este tipo de medidas venidas desde instituciones gubernamentales ¿no significa discriminación y exclusión directa y oficial?

Muchos de los que usan chinelas todos los días, porque no tienen otros zapatos, se pasan el día vendiendo periódicos, dulces, agua y cigarros en la calle. No tienen la intención de causar ningún escándalo, ni robar ni causar mala impresión. Lo que obtienen vendiendo no alcanza para comprar otra cosa que chinelas.

¿Por qué se niega el acceso a derechos fundamentales como la cultura y libre tránsito a la gente con menos posibilidades para vestir “adecuadamente”?

Cuando las maneras de vestir de unos se imponen sobre las de otros con medidas venidas del propio gobierno, resulta más fácil apoyarse en cuestiones legales para adoptar actitudes discriminatorias.

Normar el tipo de vestuario que uno debe usar, sabiendo que no todos los sectores de la población pueden cumplir con estas normas (y el gobierno lo sabe bien) me parece que es una forma directa de discriminación y clasismo selectivo. Si el gobierno exige el cumplimiento de sus normas, debe estar también dispuesto a brindar todos los medios necesarios para que todas las personas, sin exclusiones, tengan las herramientas para cumplirla.

Como es de suponerse, el gobierno no ha brindado estas herramientas; por lo tanto, desde mi punto de vista, no tiene derecho a emitir este tipo de normas.

Susana Huarachi Quispe
Manila - Filipinas

martes, 27 de septiembre de 2011

A propósito del Día del Niño en Guatemala…

Hace muchos años, escuché esta frase: “Ser niño en la Guatemala que conozco, es cualquier cosa, menos ser niño”.

Esta frase trae a mi mente la vida y la realidad de tantos niños que conozco. Todos tienen algo en común: son “niños”; niños en un país donde las desigualdades para unos y para otros salen a flote día a día.

Hace un año se conmemoró los veinte años de la Convención sobre los derechos de los niños. Ahora, poco se sabe sobre los avances del mismo. Aunque se ha asegurado que todos los niños y niñas deben tener acceso a los servicios básicos, hoy por hoy esto se queda en pura teoría. Algo más interesante es que Guatemala fue uno de los primeros Estados a nivel mundial en aprobarlos, pero cada día se siguen teniendo indicadores que reflejan la falta de voluntad de las autoridades en hacer que esto se cumpla.

La celebración del Día del Niño es una oportunidad para llamar la atención de todos aquellos que tienen relación con la niñez. Este día muchos expondrán lo que ellos significan para un país, las acciones que deben girar alrededor de ellos, serán el centro de atención para el comercio, entre otras cosas; pero al final la mayoría de estas reflexiones quedarán únicamente en un papel. Para los niños más pobres, el día de mañana volverá a ser igual: sin oportunidades, sin proyectos a largo plazo; maltratados, humillados y dejados atrás por su condición.

“No voy a ir porque no hay pisto”, me ha dicho una niña de 7 años, cuando le he preguntado ¿por qué no irá a la excursión que la escuela ha planificado? Esta familia no ha tenido los 10 quetzales que se requieren para ir a una mañana de recreación. Muchos son los niños pobres que no pueden disfrutar de estos tiempos y que se les sigue negando el derecho a la recreación.

Siguen sufriendo el abandono de las autoridades locales, cuando son obligados a vivir en situaciones extremadamente de riesgo. Entre la basura, entre ríos contaminados donde juegan y se desenvuelven, sin acceso a agua potable, entre otras desventajas.

No tienen acceso a la salud. Cuando tienen la oportunidad de ir al médico, las medicinas que están al alcance de sus familias no son suficientes para las enfermedades crónicas que los aquejan. Sus padres deben volver a casa únicamente con la receta en mano, porque no hay dinero para comprar las medicinas, el dinero únicamente alcanza para sobrevivir.

Este año, algunos tendrán que repetir nuevamente el primer grado de primaria, cuando es la tercera vez que lo han cursado. ¿Las razones? Podemos enumerar muchas, pero las que saltan a la vista a diario son: desnutrición, desmotivación en la escuela, dificultades de aprendizaje y rechazo. Es una carga muy pesada para un niño que lo único que quiere es “aprender” y porque además es él en quien la familia ha puesto también sus esperanzas a futuro.

La escuela sigue siendo incapaz de generar estrategias para que muchos niños, que vienen de familias vulnerables por su condición de pobreza, permanezcan en el aula y sean promovidos de grado. Esto no es un problema únicamente de la escuela sino también de un sistema que no ha proporcionado las herramientas para buscar soluciones a un problema cada día más evidente en las aulas.

Carlos Aldana, experto en Educación citaba en un artículo: “La educación es una cancha que no necesita ya más espectadores, sino protagonistas”. Es así que en este día tenemos nuevamente la invitación y el reto, a que como educador@s, ciudadanos y autoridades, trabajemos y nos comprometamos para que todo niñ@ pueda acceder a sus derechos fundamentales para que de esta forma aseguremos un futuro diferente para ellos.

Elda Nohemí García
Escuintla, Guatemala

lunes, 12 de septiembre de 2011

Prosperidad: la hermandad de los pueblos

Cuando las exigencias del consumo y de la moda marcan el ritmo de la vida y hacen que las personas quieran tener un blackberry, un carro último modelo, que son supuestamente sinónimos de prosperidad, de bienestar, de éxito, ¡de bendición! Es difícil pararse y decir “oigan yo lo que quiero no es eso, sino bienestar y paz para todos, incluso para los que aparentemente no se la merecen”.

Todos nos merecemos vivir en un mundo, en un país, en una comunidad, donde cada uno puede desarrollarse y encontrar su espacio. En las últimas décadas, le ha dado a la humanidad, y no por casualidad, por ver hacia el futuro de una manera individualista y si acaso buscando intereses familiares. Todos quieren prosperar ¡tener una empresa! ¡Ah! Y si queda tiempo luego, ayudar a alguien. Construir un futuro donde solo cabemos nosotros y nuestras necesidades. ¿Y el otro? ¿Y el olvidado, el perseguido, el maltratado? Que vea como sale ¡Qué trabaje! ¡Qué ponga su empresa! (como si se pudiera). En este mundo vivimos, en el mundo que nos llena de publicidad, de medios masivos uniformadores, que nos dice qué es “cool” y qué no lo es y que cada día nos aleja más y más de nuestra humanidad, de la solidaridad auténtica.

Aunque veo lejano el día, no dejo de creer en él, en el día en que seamos capaces de entender que la verdadera prosperidad no está en el éxito material e individual, sino en la hermandad de un pueblo, una sociedad, un país, un mundo que avanza de la mano de acuerdo al desarrollo de cada quien, ¡qué no olvida a nadie! La sociedad en donde los derechos inalienables a cada persona de salud, educación, ¡de vivir!, etc. Sean antepuestos a las necesidades fetichistas.

Les dejo una frase de Gandhi:

“El verdadero progreso social no consiste en aumentar las necesidades, sino en reducirlas voluntariamente; pero para eso hace falta ser humildes.” Gandhi

Y un link de un blog muy interesante que habla sobre el consumismo:

http://humanismoyconectividad.wordpress.com/2008/09/08/nueva-humanidad/


Linda García
Guatemala de la Ciudad

lunes, 5 de septiembre de 2011

La Escuela, un sueño para el futuro

Aquí en Cusco – Perú, el equipo Cuarto Mundo ha decidido ampliar su presencia en la comunidad campesina Cuyo Grande. Ahora estamos presentes cuatro días a la semana.

Estar más presentes en la comunidad nos permite darnos cuenta de las injusticias y dificultades que viven algunas familias muy pobres. Hoy quiero hablar de una de ellas: La falta de acceso a la escuela.

Descubrimos que hay niños que han dejado de ir a la escuela por falta de comprensión de sus maestros. Una mamá nos contó que la profesora de su hija le dijo que su hija no aprendía nada y era mejor que la pusiera a cuidar chanchos.

Los padres de familia no se atreven a hablar de estas dificultades ni con la Comunidad ni con los maestros. “No podemos decir nada de lo que pasa en la escuela porque los profesores toman represalias contra nuestros hijos” nos cuentan a nosotros con confianza.

Uno de los niños que visitamos regularmente ha dejado de ir a la escuela; la pobreza y otras circunstancias hacen que no pueda continuar. Repitió un curso dos años y este es el segundo año que abandona la escuela.

Cuando un niño ya no quiere ir a la escuela es porque algo ha pasado, sería injusto culpar solamente al niño o a sus padres. Ellos por su parte, nos comparten que los profesores cambian constantemente. Se quedan por un año y luego se van ya que muchos de ellos no tienen una plaza fija.

Este cambio constante afecta también la regularidad de los niños en la escuela. Y sobre todo afecta a los niños más pobres porque su vulnerabilidad no les permite emprender de nuevo el camino a la escuela. Es difícil volver a levantarse cuando uno cae.

Para los que animamos la Biblioteca de Campo, es una constante preocupación. Nos preguntamos cómo apoyarle, le animamos a participar en nuestras animaciones. Buscamos un tiempo para reforzar sus conocimientos y para que pueda animarse de nuevo, en fin, junto con su familia intentamos lo posible para que vuelva a la escuela.

El pasado 21 de agosto, en nuestras reuniones llamadas Uyarinakusunchis, preguntamos a los participantes sobre los temas que quieren tocar durante el año. Uno de los temas elegidos fue “¿Qué derechos tengo yo frente a la escuela?”

Nos damos cuenta que la gente necesita herramientas para poder rebelarse frente a las situaciones que viven y atreverse a ser actores en la vida de su comunidad.

Guillermo Díaz Linares
Voluntario Permanente
Cusco – Perú agosto 2011