martes, 16 de febrero de 2010

Los 4 elementos

Tierra, Agua, Fuego, Aire

«La naturaleza se ensaña con los más pobres...», con los excluidos, con aquellos que viven en las afueras de la cuidad, en las periferias, en las partes más profundas o en lo más alto de las laderas. «Terrenos más baratos» como siempre, ahí donde nadie que tenga un poco más de suerte quiere ir.
La tierra tiembla y son las casitas precarias las primeras en desplomarse, los ríos suben y son las casitas de las riveras las primeras en ser arrasadas. El viento sopla y son los techitos de calamina y de cartón los primeros en alzar vuelo. Una chispa avivada para dar un poco de calor o saciar el hambre, pierde control a causa de la precariedad. Los cuatro elementos contra los más desvalidos.
Pasado el dolor de la constatación, vuelve la razón y me doy cuenta de que no son los cuatro elementos que generan la vida en esta tierra, los que se arrebaten contra los más abatidos. Somos nosotros, la «Sociedad», que nacimos con el idea de organizar de mejor manera la vida de nuestras comunidades, que cegados por el placer de la propiedad y de la seguridad de nuestros bienes, comenzamos a negar la participación de aquellos que eran menos afortunados que nosotros.
Lo peor de todo es que somos y siempre fuimos conscientes de que una vida en pobreza es muy dura y desgraciada, y por temor de caer en ella, cada vez ensanchamos más el abismo de las diferencias.
Cuántas veces hemos sido testigos del desalojo de familias que vivían en terrenos un día baldíos, sin agua, sin electricidad, sin nada, solos con la suerte de poder vivir bajo un techitos en familia; «Pero, al mismo tiempo, terrenos con futuro...», con proyectos, hasta que el capital llegue. Pero hay gente que no tiene capital para invertir, solo un sueño, el que va amasado poco a poco, y que cuando ve una puerta que es posible, decide arriesgar su sueño.
Familias que lo dejan todo, crédulos de las promesas, cierran un capítulo de su historia, confiados de un mejor porvernir. El sueño de una propiedad les hace abandonarlo todo para ir a vivir en otro lugar donde la tierra ni si quiera es habitable, donde el desarrollo no es posible. Y después pasa lo que pasa, techitos que vuelan, casitas que se deslizan, el agua que lo lleva todo sin dejar rastro, el fuego que devora las pequeña cobachita. Pedazos de tierra, baratos, tan baratos, que un día desaparecen.
¿Cómo hacer?¿Qué hacer?, para que esos sueños no se instalen de manera y en lugares tan precarios. La naturaleza nos lo da todo, y nos corresponde protegerla y compartirla de mejor manera.

Charo Carrasco Cuba
París - Francia

2 de feb 2010: Numerosas familias pobres pierden sus viviendas a causa de lluvias en Cusco-Perú.
12 de ene 2010: Terremoto en Puerto Principe -Haiti deja miles de familias sin vivienda.
2009 - 10: Pobladores de Chaco - Argentina carecen de agua, sus ríos están contaminados por arsénico.
2009 - 10: Familias en Tahilandia que viven en casas flotantes, ya no enseñan a nadar a sus hijos, a causa de las aguas contaminadas.
13 Jun 2007: Incendios que se suceden anualmente en los barrios empobrecidos de las ciudades de Panama y Colón.
11 Nov 2007: París acelera expulsión de familias pobres que viven a las afueras de la ciudad.
26 Dic 2001: Incendio destruye 150 casas pobres en capital Mexicana


viernes, 12 de febrero de 2010

La humanidad más allá de los escombros

De pan y arena que no están muertos.
La tierra ha temblado y ha parecido un accidente inútil. Todo ha quedado hecho escombros. Y sobre los escombros, y por abajo, y a los lados, parecía todo muerto. Haití.
Las puertas de las panaderías son coladeros de gentes. Cada mañana y cada noche atraen al público hambriento. El pan, en Dakar, sigue siendo dominio del pueblo. A ambos lados se puede ver, tendido, arrugado, avergonzado y sin vida. Es lo que llaman aquí el pan muerto. Este pan revive en su función multiusos. Este pan más allá del tiempo tiene la propiedad de ser más barato que el pan normal. Así, cuando la vida se convierte en accidente, cuando para algunos el dinero no puede asegurar la comida diaria, este pan se convierte en sustento de pobres. Además, sirve para mezclarse con cartón y otros productos y servir de alimento a las cabras y a las ovejas domésticas. Algunos viejos, aldeanos en su mayoría, prefieren este pan muerto. Pan de sus experiencias y de sus infancias. Pan de la textura de siempre, el que llega después de días a los pueblos alejados. Este pan no está muerto.
Más allá de las puertas, la calle. Dakar es una isla, casi. Los barrios de la periferia y los barrios populares son una inmensa playa. Aquí la arena es el dominio del pueblo que camina cansado. Poco a poco la urbanización ha ido ganando espacio a la ciudad tradicional. Los coches y los autobuses se han hecho más necesarios que los pies y por todas partes han nacido calles y callejas que permiten al transporte motorizado ganar la ciudad. Este progreso aún no ha llegado completamente a los barrios de la periferia, a Pikine. Y en estos barrios pocas son las calles asfaltadas.
Frente a la panadería de mi barrio la calle está asfaltada. Una excepción rodeada de callejuelas de arena. Así, frente a sus puertas, a orillas del asfalto, poco a poco la arena va arañando espacio. Hombres y mujeres inundan las calles reservadas a los vehículos, descansan su caminar pausado. Esta es la arena muerta. Se dice muerta porque ha perdido sus propiedades. Acostumbrada a vivir cerca de la polución y de los humos y aceites no sirve para absorber el agua, es impermeable.
Cerca de medio millón de personas vive con una parte de su casa inundada desde hace seis meses. Intermitentemente, desde hace veinte años. Accidente de la naturaleza, las lluvias. Los pobres recogen la arena muerta, semigratis, y rellenan los patios de sus casas, sus cuartos. Al realzar sus casas el agua busca lugares más bajos, la calle, la casa del vecino. Una parte de la vida renace, más tranquila.
El pan, la arena y los escombros son cosas. La gente hace vivir las cosas, las comparte, las vende, las usa, las revive. La gente vive con las cosas. Confundir la muerte de las cosas con la muerte de las gentes es vivir poseído por la acumulación. Los pobres saben de esto porque viven a pesar de la precariedad de las cosas. Tirar el pan o no sanear la arena de tu patio es una falta grave en Dakar, un pecado. El pan y la arena son sagrados en Senegal porque sirven a la vida.
Ni en Haití ni en tantos otros lugares la humanidad ha muerto bajo los escombros. Porque la voluntad de vida pervive en hombres, mujeres y niños. Ojos brillantes, piel tersa. A la luz de sus sufrimientos y esperanzas, bajo las estrellas, piensan una humanidad nueva más allá de la escasez de las cosas.
Dakar, febrero 2009
Jaime Solo

jueves, 4 de febrero de 2010

¿QUE PODEMOS HACER POR HAITI ?

Creo que en primer lugar necesitamos ponernos frente a la realidad actual que vive el país y hacer eco de las necesidades más urgentes, después de todo la web es un buen medio de difusión de información. Aunque esto lo podemos hacer de manera relativa ya que estamos alimentados por información no siempre tan precisa.

Entonces, segun lo leído personalmente:
Médicos sin fronteras señala que faltan carpas y médicos para la atención postoperatoria, asi como asistentes para desplazarse al interior del pais. http://www.msf.es/noticias/emergencias/haitterremoto13.asp

La MINUSTAH señala que hacen falta 200, 000 tiendas de campaña para alojar a dos millones de personas y protejerlas de robos y violaciones; luego es necesario construir casas mas sólidas para todos ellos antes  de junio (temporada de huracanes en el Atlántico Norte).  http://www.minustah.org/

Estos son algunos de los pedidos inmediatos, seguro que posteriormente se tendrá que imaginar todo el proceso de reconstrucción, proceso mas largo pero por tanto no menos importante. Para esta etapa seguro que es necesaria la participación activa de todos, incluidos los más pobres.

Por otro lado, leyendo en la web sobre lo que sucede ahora en Haití, la acción de los paises cooperantes y sobre los comentarios de ciudadanos del mundo. Me permito hacer algunas reflexiones, respetando las otras vertidas en este y otros blogs que escriben sobre el tema.

Considero que, frente a las maneras cómo los paises asisten a Haití (envío de tropas armadas, descarga de alimentos en paracaídas, aceleración de adopciones, etc.) es necesario analizar y situar en contexto nuestras apreciaciones para no desvirtuar las acciones llevadas a cabo por los estados cooperantes.

Considero también que se han cometido excesos y aberraciones por parte de instituciones y particulares durante el proceso de asistencia a Haití (Secuestro de niños haitianos huérfanos y no hueéfanos, fotografías de  médicos sonriendo a lado de cadaveres y heridos,  soldados agrediendo a personas que esperan la distribución de alimentos, etc.). Estas situaciones deben de ser denunciadas, sin embargo no debieran emitirse ni generalizar juicios sobre las nacionalidades de las personas que cometen estos delitos.

Considero además que todos, organismos, asociaciones y particulares, tenemos límites en lo que podemos hacer por Haiti. Y reconocer que tenemos diferentes tiempos en los que podemos apoyar a esta población. Esto es un aspecto, creo yo, que no es muy valorizado en la actualidad, ya que el ritmo mediático con el que son tratados los desastres y  la ayuda a las poblaciones concernidas no nos permiten ver las maneras en el que podemos participar hoy y también mañana.
Como algo anecdótico puedo decir que en mi trabajo de encuestador  de una consultora que hace estudios económicos y sociales en el Perú, pude apreciar que luego de la catástrofe que sufrió Pisco (al sur de la capital Lima), las necesidades de la población se volvieron diversas a medida que pasaron los días, meses y años, mientras que la ayuda se redujo del plano internacional al local hasta desaparecer completamente. Yo participé en las encuestas después de dos años de ocurrido el incidente y lo que dicen las personas que viven alejadas del centro de la ciudad es que, al principio diferentes instituciones venían a ayudarles pero que ahora se han olvidado de ellos. Sus casas no fueron reconstruidas, siguen recibiendo alimentos de un programa de asistencia estatal y la escuela a la que van sus hijos todavía funciona en carpas.

Mantener viva y a largo plazo la preocupación y voluntad de ayuda hacia Haití y lo que podremos hacer por ellos y por nosotros mismos es en lo que podría concluir esta pequeña reflexión.

Humberto Lovaton
Lima - Perú

viernes, 29 de enero de 2010

Haití pide al mundo la solidaridad que le permitirá recuperarse, jamás que se lleven a sus hijos.

Cuando Haití sufre, el mundo entero sufre.
Cuando Haití avanza, el mundo entero avanza.
Somos una sola humanidad en marcha.

Eugen Brand,
Delegado General Movimiento Internacional ATD Cuarto Mundo.

A los ojos de todos han llegado la imágenes del terremoto de Haití; a los oídos de todos los gritos de dolor, los cantos de esperanza, las muchas oraciones; a nuestros corazones la fuerza inmensa del pueblo haitiano que con las manos desnudas y el espíritu todavía temblando de miedo saca a los muertos de entre los escombros, acaricia a los niños que lloran, busca para que cada uno tenga un poco de comer y agua limpia que beber.


Algunos se han empeñado en subrayar la violencia, el pillaje, incluso la desesperación. Pero son muchos los que dan cuenta del coraje, de hombres, mujeres y niños que no desesperan, de una fraternidad inmensa, de una humanidad privilegiada. Algunos han hablado incluso de un pueblo que debería ser una brújula para la humanidad entera.

Ayer en el coche hablábamos del terremoto mis hijas de 7 y 5 años y yo. Lucía se preocupaba por los niños sin padres.

—Mamá, ¿quién les va a decir lo que tienen que hacer si sus papás se han muerto? ¿quién les va a cuidar ahora? ¿quién les va a consolar? Tendrán mucho miedo ¿verdad? Yo creo que estarán llorando.

Maya pensaba en los padres sin niños.

—Mamá, yo creo que esos papás a los que se les han muerto sus hijos no habrán dejado de llorar todavía, yo creo que no podrán dejar nunca de llorar.

Juntas se preguntaban que será de unos niños sin papás, de unos papás sin niños, y juntas tomábamos conciencia de lo doloroso de esta separación. Entonces las niñas dijeron:

—A lo mejor podrán estar los tíos, lo abuelos y los niños juntos. También los profesores.

Muchos son ya los que avocan por acelerar las adopciones internacionales de niños haitianos. Pero en las circunstancias actuales el desafío es que la ayuda humanitaria alcance a los otros mayores, a sus tíos, a las abuelas, las madrinas, a los vecinos que ya les acarician, que ya les cuidan, que ya buscan con que darles de comer, que ya les confortan por las noches, que ya cantan a su lado... lo imprescindible es asegurarse de que mayores y pequeños puedan encontrarse.

Acelerar las adopciones internacionales en tiempos de catástrofe sería como hurgar en la herida de un pueblo que ya ha sufrido demasiado, sería robar a Haití el futuro posible que ha sobrevivido. Separan a los niños haitianos de la familia que les ha quedado, sería robarles su pasado, su historia, su propia identidad, sería robarles el alma, diría yo, robarles el futuro. Por eso las directrices de las Naciones Unidas vetan las adopciones internacionales en caso de catástrofes naturales.

Los haitianos han sido víctimas de una inmensa catástrofe, pero no es un pueblo sin futuro. Así lo decía el escritor haitiano Dany Laferière "Tras el terremoto, lo que ha salvado a esta ciudad es la energía de los más pobres, y gracias a ellos Puerto Píncipe sigue aún viva" y lo decía la voluntaria haitiana Agnes Dumas: “Mi país intenta unirse para ser más fuerte que el miedo, para atravesar el sufrimiento, para vislumbrar un mañana posible.” Haití pide al mundo la solidaridad que le permitirá recuperarse, jamás que se lleven a sus hijos.

Un niño que ya era huérfano de padre antes del terremoto cuenta en un documental televisado en una cadena francesa que con la catástrofe ha perdido a su madre. Sentado al lado de un tío discapacitado dice al periodista que le entrevista:

—Cuando sea mayor quiero ser presidente de Haití. Así podré ayudar a la gente, porque aquí la gente sufre, tiene hambre, y esto no es de ahora sino que es de siempre.

Este niño es el futuro de Haití. Su tío que le cuida y le conforta es el futuro de Haití. Ya me lo habían dicho Lucía y Maya en el coche... los tíos, lo abuelos y los niños juntos. También los profesores. En nuestras manos está decidir si es este futuro del que nos hacemos solidarios.

Beatriz Monje Barón
Desde Méry sur Oise, Francia

FRACASO DE LA CUMBRE DE COPENHAGUE EXIGE RETORNAR AL MODELO ECONÓMICO COMUNITARIO

El fracaso de la conferencia de Copenhague (7 – 18/12/09) para frenar el cambio climático es un duro golpe a la humanidad.

La inscripción de más de 500 ONGs del mundo, la asistencia diaria de 10 mil activistas al Klimaforum (cumbre alternativa al encuentro oficial en el centro de convenciones Bella Center), la atención de gran parte de la humanidad al desarrollo del evento, demostró la expectativa universal.

Se pensó que los países ricos (industrializados) otorgarían un fondo mínimo de 200 mil millones de dólares, que permitiría mitigar la reducción de contaminantes y ayudara a las naciones pobres a adaptarse al cambio climático.

Se esperaba un acuerdo de parte de los países industrializados de recortar sus emisiones de bióxido de carbono menor de la mitad de lo que indica el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU: entre 20 y 40 % para 2020 en comparación con los niveles de 1990. Sin embargo, muchos países a través de sus voceros ofrecieron la misma cantidad de dinero ofrecida anteriormente para apoyar el desarrollo. En el 2000 el ofrecimiento se retomó dentro de los objetivos del Milenio de reducción de la pobreza en 2015 en 50 % que hizo la ONU. Algunos analistas al escuchar a los representantes de la UE que ofrecían 2 mil 400 millones de euros anuales, entre 2010 y 2012, en ayuda a los países del sur para controlar el calentamiento global, comentaron que lo que hicieron los “líderes” de la UE era volver a etiquetar una ayuda que ya habían prometido…

El Movimiento Internacional ATD Cuarto Mundo tenía la esperanza que las decisiones alcanzadas no tuviesen consecuencias únicamente sobre el control de los gases de efecto invernadero, sino que impactaran directamente sobre la suerte de las personas más afectadas por el cambio climático; incluso iba más allá, pedía una evaluación global de los objetivos de desarrollo del milenio de la ONU, orientados a reducir a la mitad la pobreza para el año 2015, realizada con la participación directa de los más pobres, donde la economía y el respeto del planeta tomen en cuenta la igual dignidad de cada pueblo y cada ser humano
Ninguna de las expectativas - en lo más mínimo- fue tomada en cuenta, concluyeron el fracaso de la cumbre con una declaración política y deseos para “seguir con más de lo mismo”

La globalización de la economía, fruto del dominio neoliberal, pretende hacernos concebir que el desarrollo tecnológico puesto al servicio del mercado es la salvación frente a todos los problemas que enfrenta la humanidad; desarrollando una cultura de producción y consumismo ilimitados que nos está devorando. Una muestra es que se está anteponiendo la producción industrial incontrolada frente al calentamiento ambiental, la destrucción de recursos naturales (bosques, ríos), la desocupación masiva de grandes proporciones de la población mundial condenándolos a la miseria, agudización de la desigualdad entre países ricos y pobres.
La arrogancia demostrada por los “líderes” de los países ricos en la cumbre de Copenhague, realizando acuerdos entre “bambalinas”, con reuniones secretas seleccionando participantes, nos impulsa –a los que queremos un mundo donde se pueda vivir sin contaminación, sin miseria ni exclusión y en paz- a unirnos y sentar las bases para desconectarnos del dominio neoliberal, que nos lleve a retomar una vida comunitaria, donde el bienestar de uno sea el de todos, donde la solidaridad sea el sustento de la sociedad, donde las transformaciones las realicemos en armonía y no por la fuerza.

Retornemos a una economía de subsistencia, de bienestar, donde la tecnología y la ciencia estén al servicio del hombre y no en beneficio de unos cuantos, donde la moral que es uno de los valores fundamentales, sea la piedra angular donde descanse la construcción de una nueva civilización, donde no excluyamos a nadie, aceptando las distintas formas de conocimiento dando un lugar al conocimiento de las personas atrapadas por la extrema pobreza, quienes por experiencia de vida tienen un conocimiento indispensable para el desarrollo de la sociedad.

Se debe tomar en cuenta la resistencia de comunidades campesinas en África, Asia, América Latina, que a pesar del dominio y saqueo de que fueron y son objeto, hoy siguen de pie, sustentando su reproducción y vigencia en una vida comunitaria, donde se realizan trabajos colectivos en provecho del conjunto de la comunidad, donde la reciprocidad (ayni - palabra quechua- está vigente en la región andina) es un valor fundamental en que se sustenta la organización social, política, económica, etc.

El llamado a unirnos por este ideal no es nuevo, existen ONGs, instituciones, organizaciones, personas, que desde hace años nos invitan a “nadar contra corriente”, a asumir el reto de construir otra civilización; es verdad que el reto será difícil, pero no imposible. Debemos concertar la unidad desde el lugar en que nos encontremos, alrededor de mujeres y hombres: niños, jóvenes, adultos, ancianos , dejando de lado concepciones políticas, religiosas, económicas, sociales, etc. aprendiendo a forjar la unidad dentro de lo diverso.

Que el fracaso de la cumbre de Copenhague no nos desanime, ha sido una oportunidad más para ver de “cuerpo entero” a los países industrializados, a quienes no les interesa destruir nuestro planeta con tal de seguir acumulando ganancias. Que el fracaso de la cumbre se convierta en el detonante para que con nuevos bríos iniciemos el camino de la desconexión de la economía neoliberal, rechazando el desmedido consumismo en que estamos inmersos.

México, D.F. Enero, 2010
Marco Aurelio Ugarte.
Antropólogo Social.

Todos somos Haití

El terremoto en Haití vino de repente, como una serpiente que ataca en silencio. Y todos, salvo los indiferentes,  los unos y los otros, sentimos su mordida. Unos porque sentimos como propia esta tragedia y porque de verdad creemos en la solidaridad, en la generosidad  y en el compromiso de ayudar a quienes lo necesitan. Otros porque ven este hecho como la oportunidad de  hacer negocios, desde la venta de productos de primera necesidad hasta la de obtener grandes ganancias con la reconstrucción de las ciudades,  o de inventarse una campaña personal para recibir donativos y quedarse con el dinero que de buena fe reciben, o para de dar niños en adopción de manera fraudulenta. 

Pero Haití es más que un terremoto, es más que la destrucción de una ciudad, o que los doscientos mil muertos y los millones de damnificados que existen. Haití es la confirmación de los resultados de las históricas políticas de explotación de muchas de las hoy grandes potencias mundiales sobre países pobres. Haití es la reafirmación de una estructura social mundial injusta y de los millones de seres humanos que viven en la extrema pobreza, con todo lo que eso significa.  Haití es la  prueba que a  pesar de los grandes avances que en todos los campos se han dado, todavía hay personas que viven en la miseria, que son explotados y a quienes se les niega su calidad de seres  humanos. Haití es un producto del mundo que hemos construido. 
Todos somos Haití, usted  y yo incluidos, nos guste o no nos guste. Haití solo vino a confirmarnos lo que ya sabíamos y lo que a veces queremos negar o que no queremos ver. Y claro que hay explicaciones de lo que sucedió, pero de que nos sirve estas  sin en poco tiempo esta tragedia será una estadística más. Nuevos titulares acapararán las portadas de los diarios y de los noticieros. Haití pasará de moda y las cosas volverán hacer como antes. Haití será un recuerdo, se convertirá en un campo de más miseria y explotación y nosotros seguiremos con nuestra vida cotidiana,  las grandes empresas con sus negocios, las potencias mundiales con sus políticas de seguridad, etc, etc . 

Pero la tragedia de Haití puede y debe marcarnos para siempre, y como consecuencia para que nos comprometa con nosotros mismos y con los demás  para  luchar para que los Haitís del mundo desaparezcan. Muchos ya están en esa tarea, doy fe de ello, porque conozco a personas como las que militan en el Movimiento Cuarto Mundo, que ya lo están haciendo, así como de otras organizaciones y de programas y proyectos, por eso   depende de cada uno, de saber de que lado está: de los que queremos construir un mundo mejor, con justicia social, en el que vivamos en paz, sin exclusiones y racismos, o de lo que quieren que las cosas sigan igual para  su propio beneficio o del de los que detentan los poderes económicos, políticos y sociales, que garantizan nuestra seguridad personal y los beneficios de los que gozamos.
Haití vino a sacudirnos la conciencia, eso es lo que yo creo, pero usted que me lee ¿qué opina?

Max Araujo
Guatemala, 27 enero 2010

jueves, 10 de diciembre de 2009

Al señor Ban Ki-moon

Que nunca sabrá por qué no hubiera sido una cita más
En Ginebra, del 7 al 9 de diciembre un grupo de niños y adultos, cuarenta en total, provenientes de Bolivia, Burkina Faso, República Democrática del Congo, Francia, Haití, Irlanda, Filipinas, Polonia, República de Mauricio, Suiza y Estados Unidos todos ellos viviendo en situación de pobreza extrema, se han reunido para presentar el trabajo realizado durante este año del 20º aniversario de la Convención sobre los Derechos del Niño a la oficina de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos.
La propuesta inicial era un encuentro con el señor Ban Ki-moon, secretario general de la ONU, pero no ha sido posible incluir en la cargada agenda del secretario general una cita más.
Pero, ¿realmente hubiera sido una cita más? Las personas que viven en la pobreza extrema viven un cotidiano imposible, no tienen agenda, pero cada minuto de su jornada está ocupado. Conseguir el dinero necesario para la comida, el alquiler, la ropa, los gastos escolares, las medicinas, ir a buscar agua o combustible… comen su tiempo y sus energías. Poco queda para sentarse y dialogar, para informarse sobre los retos que enfrenta el mundo o las cuestiones importantes para el pueblo, el barrio, la comunidad, para formarse, para militar… Sin embargo, este grupo está formado de personas que lo han hecho, a lo largo de los años han ido rascando segundos al minutero, han ganado al cansancio y al desánimo, a la ignorancia, a la vergüenza y a la exclusión y se han juntado, este año en concreto, para analizar la Convención sobre los Derechos del Niño.
“Utilizamos nuestra experiencia de vida para analizar y comprender mejor la Convención (…) y su importancia para nuestros hijos y nuestras familias. Hemos elaborado varias propuestas para que se respeten todos los artículos para todos los niños. Nuestro diálogo ha puesto de relieve la indivisibilidad los derechos humanos y el vínculo fundamental entre los derechos del niño y nuestros derechos y responsabilidades como padres”.
No hubiera sido una cita más.
Personas con la formación, la experiencia y las ganas necesarias para ser secretario de la ONU hay muchas en el mundo. Personas que vivan en la pobreza extrema y que hayan aceptado la aventura de aprender, formarse y militar por los derechos de todos los ciudadanos hay muy pocas en el mundo y no duran mucho porque las condiciones extremas en las que viven hacen que su vida sea corta.

Cristina Diez, desde Madrid